Punto de Fisión

Jugando a los chinos

Ayer nos enteramos de que el gobierno español había comprado los tests rápidos de coronavirus en el chino de la esquina, pero no en el chino de la esquina de aquí (porque los chinos de aquí vieron venir la movida antes que nadie y chaparon por su cuenta y riesgo) sino en un chino de China, lo que tiene mucho más mérito. Hay un barullo bastante importante entre las autoridades chinas, que dicen que habían proporcionado una lista de empresas homologadas entre las que no se encontraba el chino de la esquina, y las autoridades españolas, que afirman que no compraron los tests directamente a una empresa china, sino a un proveedor español del que no quieren dar el nombre por si la gente decide aplaudirles justo en la cara cada día a las nueve de la noche. Entre eso y los dos aviones procedentes de China con material sanitario valorado en 23 millones de euros que Ayuso dice haber perdido, puede decirse que nos han engañado como a chinos.

Hubo varios momentos en los que el pleno extraordinario del miércoles para prorrogar el estado de alarma parecía estar, efectivamente, en chino. Uno de los mejores tuvo lugar cuando Casado se levantó a proclamar que mantenía su lealtad al gobierno en medio de esta dramática emergencia sanitaria para a continuación decir que Sánchez no está a la altura, que envía a pelear a médicos y enfermeros sin protección ninguna, que ha dejado el personal de los hospitales abandonado a su suerte y que lo de España, más que un estado de alarma, era un estado de excepción encubierto. Las acusaciones son muy serias, sobre todo viniendo de un partido que considera la sanidad pública un chiringuito donde forrarse.

De la lealtad proclamada en chino mandarín Casado pasó a solicitar una serie de medidas excepcionales en chino cantonés, entre las que se incluirían banderas a media asta en recuerdo de los fallecidos por el coronavirus, un funeral de estado por los que han muerto y por los que vayan a morir, y el proyecto de un monumento funerario que podía erigirse en Madrid, al lado de la noria gigante de Villacís. Todo muy urgente, muy necesario y barato a más no poder, igual que las banderas compradas en los chinos. Como la lealtad pronunciada en chino suena un poco distinta, Casado también recordó que Sánchez había pedido la dimisión de la ministra de Sanidad, Ana Mato, por su gestión en la crisis del ébola, aunque se le olvidó señalar que el ébola no era una pandemia mundial extendida por todo el mundo sino un regalo importado del Congo que Mariano nos hizo a todos los españoles para satisfacer el deseo de un cura moribundo.

Más chino y más barato todavía resultó el discurso de Abascal, a quien no le importó haber afeado a Pablo Iglesias por saltarse la cuarentena y acudir al congreso cuando no estaba contagiado, mientras él, gracias a los anticuerpos españolazos de Ortega Smith, consiguió el milagro médico de superar la enfermedad en una semana y pasar del positivo al negativo sin el período de reclusión obligatorio de quince días, como el que pasa una semana en la playa. Hablando de pasar, Abascal aprovechó que el Yangsté pasa por Wuhan para reclamar a Sánchez que aplicara el artículo 155 en Cataluña, una prioridad aquí y en Pekín, ya que los virus se cuadrarían de inmediato ante el desfile de los tanques por las Ramblas.

Por último, ya en pleno arrebato de oratoria, pidió que aprovecháramos las lecciones de esta crisis para convertirnos en "un país avanzado científica y tecnológicamente, y que brillen con la ayuda de Dios la confianza en nosotros mismos, la ciencia y la investigación". Puede sonar paradójico viniendo de alguien que reivindica Atapuerca, los Tercios de Flandes y el Concilio de Trento como principales valores científicos, pero no hay que olvidar que uno de los cerebros grises del partido es Rocío Monasterio, arquitecta por la gracia de Dios, la cual firmaba proyectos años antes de obtener la titulación por simple ciencia infusa. El parlamento resonó con un eco del sargento instructor Hartman en La chaqueta metálica: "Esta noche el capellán Charlie os va a decir cómo el mundo libre vencerá al comunismo con la ayuda de Dios y unos pocos marines". Seguramente Abascal no cayó en la cuenta de que el coronavirus también es una criatura de Dios, pobrecito.