Punto de Fisión

González Pons se lava las manos

Lo de lavarse las manos es un gesto muy adecuado en estos tiempos que corren, más aun cuando acaba de concluir una Semana Santa atípica, sin más procesiones por nuestros pueblos y ciudades que unos cuantos sacerdotes sobre ruedas bendiciendo las calles desde un curamóvil. La verdad es que en casi todos los pasos y rituales consagrados en estas entrañables fechas falta una referencia al gobernador romano de Judea, un defecto que, como ya he señalado varias veces, se encargó de subrayar en un pueblo andaluz un gitano con lágrimas en los ojos, según me lo contó mi añorado Rafael Martínez Simancas: "Hay que ver, si no es por el hijoputa de Pilatos, un poco más y nos quedamos sin Semana Santa".

Lavarse las manos a conciencia, frotando durante diez minutos hasta despellejarse la epidermis y el pasado, es lo que ha hecho Esteban González Pons en una entrevista concedida a Jordi Évole desde su casa, una de esas entrevistas caseras, sin luces ni maquillaje, que son la última moda. A lo mejor se encontraba demasiado relajado por eso de estar en pantuflas, pero el caso es que cuando Évole le preguntó si los recortes en la sanidad pública habían sido fruto de unas políticas erróneas, González Pons contradijo la línea de defensa principal del PP y dijo que sí, que se habían equivocado por no darle la importancia debida a la sanidad y la investigación, por gastarse el dinero en francachelas y volquetes de putas, aunque la culpa -esto lo subrayó desde el principio- era de la sociedad española, por votar lo que votaba.

No le faltaba razón, más bien le sobraba, y hubo un momento en que González Pons, poseído de santa indignación, estuvo a punto de cabrearse mucho y arengar a la ciudadanía: "¿Pero cómo se les ocurre votarnos a nosotros veinte veces, almas de cántaro, si ya han visto que les dejamos los hospitales tiritando? Menuda panda de irresponsables, es que no aprenden, coño, así estamos ahora como estamos". En lugar de eso, comentó que con un poco de suerte habríamos aprendido la lección y empezábamos a tener un poco de cuidado con lo que elegíamos en las urnas, eso que unos llaman conciencia social y otros simplemente sentido común. Es decir, aprender que los gastos sanitario y farmacéutico son prioritarios al lado del derroche en parques acuáticos, visitas papales, bodas principescas y aeropuertos sin usar, por no hablar de los sobres repletos de dinero negro que circulaban de mano en mano en Génova y las vistosas campañas de financiación ilegal.

La corrupción no sólo roba, sino que además mata: ésa es la formidable lección de cinismo democrático que impartió, en pantuflas y desde su casa, Esteban González Pons, un hombre que antes de ejercer de eurodiputado en el Parlamento Europeo ocupó el inverosímil cargo de Vicesecretario General de Estudios y Programas del PP. "No fueron decisiones políticas: fuimos todos que, poco a poco, fuimos consintiéndolo". Es una frase para enmarcar o, mejor todavía, meterla en un sobre, depositarla en una urna el día de las próximas elecciones y luego lavarse bien las manos . Recuérdenlo bien, que luego pasa lo que pasa. Un poco más y nos quedamos sin enterarnos, si no es por González Pons.