Punto de Fisión

Lo que parece Pablo Motos

A Fernando Simón no paran de lloverle críticas y burlas cada vez que aparece a dar una rueda de prensa, pero el hombre se lo toma con filosofía, una frase hecha que suele referirse a esa corriente filosófica denominada estoicismo. Con una carrera en Medicina, especialidad de Epidemiología, y un currículum de décadas en diversos cargos nacionales e internacionales dedicado a la prevención y control de enfermedades, hay que ser muy estoico para aguantar las sandeces de los cuñados y borrachuzos que, un día sí y otro también, le explican a Simón cómo debería hacer su trabajo. Son, por lo general, lanzadores de huesos de aceituna, automovilistas con ínfulas, cantantes de cortijo y cómicos evolucionados a políticos. Gente con menos luces que el disfraz de Batman y que hasta hace dos meses creían que una pandemia era una variedad de la empanada dando lecciones a un científico. Lo de sabio es demasiado fuerte, se trata de un adjetivo que en España reservamos para entrenadores de fútbol nacidos en el barrio de Hortaleza.

Entre los cuñados más recalcitrantes se encuentra nada menos que Pablo Motos, quien no sólo se atreve a cuestionar a diario las estrategias del comité de expertos del gobierno, sino que la otra noche arremetió también contra el aspecto de Fernando Simón diciendo que parece que duerme en un coche y que tiene una voz tan chillona que cuando habla se giran los delfines. Hay que agradecer a Motos que haya recobrado la gloriosa tradición hispánica de la denostatio física, emulando aquellas trifulcas en verso en las que Góngora llamaba a Quevedo "pies de cuerno", porque era un poco patizambo, mientras que Quevedo decía que Góngora tenía una nariz que era "el espolón de una galera". De hecho, hay una sátira de Quevedo contra Ruiz de Alarcón, dramaturgo pelirrojo y contrahecho, que parece escrita a propósito para Pablo Motos.

La verdad es que si hay alguien capacitado para reírse del físico de una persona es Pablo Motos, alguien que con un kilo de maquillaje encima sigue teniendo toda la pinta de acabar de levantarse de un contenedor de basura. Por no hablar de esa voz que suena a mitad de camino entre un serrucho y un moco. Motos es un entrevistador obsesionado con la fachada del personal hasta el punto de que rara vez le interesan los trabajos profesionales de los invitados que lleva a su programa.

A Ed Sheeran le preguntó si la gente no lo veía más guapo desde que tiene éxito; a Mónica Naranjo le palpó minuciosamente el culo para comprobar que era de verdad; a Peter Dinklage, uno de los protagonistas de Juego de tronos, le alabó que fuese un enano que hacía de enano en la ficción, a lo que Dinklage le replicó que sí, que los enanos son reales y que ahí estaba él para demostrarlo. Ahí Motos, una vez más, no anduvo fino porque apenas mide cuatro centímetros más que Dinklage. El machismo repugnante del presentador llegó a su cenit cuando invitó a las actrices protagonistas de Las chicas del cable y les preguntó si las mujeres critican a otras mujeres a sus espaldas y si sabían perrear. "Las chicas se dividen entre las que saben perrear y las que no" dijo. Un comentario a su altura. La belleza está en el interior, excepto en el caso de Pablo Motos.