Punto de Fisión

Pablo Casado pasa revista

La semana pasada Pablo Casado protagonizó una gira por toda la Comunidad de Madrid cantando sus grandes éxitos: "No me mientas que te creo", "Aparta, que me pongo yo" y "La pandemia es culpa de la izquierda". Estuvo en el Ifema pocos días antes de la gran mascarada que juntó a Almeida, Ayuso, Leguina, Gallardón, Aguirre y un montón de viejos roqueros de la política madrileña que acudieron no sólo para hacerse otra foto sino para darle otra oportunidad al coronavirus. El viernes había tanta gente y tan apretujada que la distancia de seguridad se redujo a quince centímetros, pero no pasa nada porque el coronavirus no es tonto y sabe muy bien con quién se juega los cuartos. El Ifema ha sido el buque insignia de Ayuso en su gestión de la pandemia hasta el punto de que lo ha denominado "milagro", un milagro construido, en efecto, al estilo esperancista, es decir, deconstruyendo pabellones que ya estaban montados en Alcalá, en Leganés y en el 12 de Octubre.

Sin embargo, el momento que mejor resume la gira regional de Casado es la visita que hizo a un rebaño de ovejas, una auténtica reunión en la cumbre donde se lo veía tan natural como aquella vez que se subió a un tractor -aunque aquí en lugar de mascarilla debería haberse puesto una boina. No se sabía si las ovejas se arremolinaban a su alrededor para escuchar el mitin o si le estaban diciendo que no hiciera más el borrego, que se marchara a su casa y dejara de saltarse el confinamiento. Por supuesto, Casado no desaprovechó la ocasión y se marcó otra sesión de fotos para su book personal y deleite de sus admiradores, demostrando que podía superar de calle aquel autorretrato pensativo frente al espejo del baño. Pedro será más guapo, pero él es mucho más fotogénico.

Puesto que la competencia con el presidente del gobierno es su principal objetivo (por no decir el único), Casado aprovechó la festividad del 2 de mayo para montar una charlotada en la Puerta del Sol y desfilar ante un plantel de sanitarios y bomberos plantados en posición de firmes. Menos mal que Ayuso ya había enviado al paro a unos diez mil enfermeros y médicos de los que contrató a toda leche para hacer frente a la pandemia y cubrir el desastre de la gestión del PP en materia de sanidad pública en la Comunidad de Madrid, que si no allí se podía haber armado otra manifestación feminista. Los huecos entre una bata blanca y otra corroboraban que con los aplausos de las ocho ya van pagados de sobra y que, cuando dejan de ser héroes, los sanitarios vuelven a ser ovejas.

A finales de enero Casado anunciaba una querella contra Quim Torra por usurpación de funciones y este sábado él mismo usurpaba diversos cargos gubernamentales con una parada militar que, más que parada, parecía una parodia. No ha pasado ni un mes desde que le reprochara a Sánchez que estuviera todo el día comparando la lucha contra el coronavirus con una guerra y va y se pone a pasar revista a las tropas. Podía haber sido peor, podía haber pasado revista a una brigada de enterradores. La verdad, estaba mucho mejor entre ovejas.