Punto de Fisión

El gobierno basura de Ayuso

El concepto de comida basura es sumamente resbaladizo ya que, cuando uno no tiene qué llevarse a la boca, lo verá ante todo como comida, mientras que si disfruta de una buena alimentación, lo percibirá mayormente como basura. La necesidad funciona como un pivote en el que el adjetivo pasa a sustantivo sin mayores problemas, al estilo de aquel sargento de caballería de Fort Apache, Victor McLaglen, que se ve obligado a probar un whisky repugnante con el que un avispado comerciante emborracha a los indios. El comerciante dice que dentro de los barriles hay biblias y, sin inmutarse, Henry Fonda pega un hachazo, ve brotar un chorro de vete a saber qué y ordena que le escancien unos versículos. El coronel escupe asqueado y le preguntaba al sargento si entiende de whisky. "Mi coronel, unos dicen que sí y otros que no". Cuando Fonda le pide que pruebe aquel brebaje, McLaglen da un sorbo y pone una cara de grima que merece dos Oscar. "¿Qué opina usted, sargento?" "Que es mejor que no tener ninguno".

Arriesgarse a quedarse ciego o a perforarse el estómago por un trago resulta un veredicto bastante insensato, pero los yonquis y los alcohólicos de salud no entienden gran cosa. Del mismo modo, cuando Cervantes escribió aquello de que no hay libro tan malo que no tenga algo bueno, ignoraba que estaban por venir las novelas de Ana Rosa Quintana, las memorias de Aznar, los chistes históricos de Pío Moa y los poemas de retrete. Vivimos inmersos en una cultura del sucedáneo donde hay productos de papelería que pretenden pasar por literatura, bazofias que fingen ser whisky y cosas de zampar a las que se denomina comida a falta de mejor nombre. Sí, contradiciendo al sargento borrachín de Fort Apache, a veces es mejor no tener ninguno.

La inefable presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, es más de McLaglen que de Fonda, es decir, prefiere la comida basura, la pizza industrial y las hamburguesas prefabricadas, a un menú sano y equilibrado. No para ella, claro está, sino para los niños y niñas de las familias con Renta Mínima de Inserción, a pesar de que diversas organizaciones, médicos y nutricionistas aseguran que se trata de una alimentación muy poco saludable, con exceso de sal, grasas y azúcar, una dieta que favorece el sobrepeso y la aparición de enfermedades a medio plazo. Cuando le preguntaron si ella le daría esta comida diariamente a sus hijos, Ayuso contestó que no es ningún problema que un niño se coma una pizza, aunque seguro que los suyos se zampan en los almuerzos algo mejor que plastas de Telepizza o bocadillos de Rodilla. Lo de Ayuso es una cínica variación de aquella ingeniosa respuesta de María Antonieta cuando le dijeron que el pueblo iba a sublevarse porque no tenía pan y repuso: "Pues que coman pasteles".

Hace sólo unos meses Ayuso estaba muy alarmada por los preocupantes índices de obesidad que afectan a un alto porcentaje de los niños madrileños con riesgo de exclusión social, pero ahora parece más interesada en lanzar una campaña infantil de Campofrío y La Piara en plena primavera. También decía, allá por mayo del año pasado, que le parecía ofensivo hablar de empleos basura cuando tanta gente estaba deseando tener uno. Probablemente, no se refería a su empleo administrando la cuenta del perro de Esperanza Aguirre: el sueldo seguro que era de órdago aunque, la verdad, el perro habría hecho el trabajo de dirigir la Comunidad de Madrid bastante mejor que ella. El verdadero problema es que hay mucha gente a la que le encanta su gobierno basura.