Punto de Fisión

Casado en plan científico

 

Casi me atraganto de la risa al leer que Pablo Casado ha propuesto un pacto de estado por la sanidad para fortalecer el sistema nacional de salud y la investigación científica. Es un chiste de tres toneladas, de los de mear y no echar gota, no sólo por el desmantelamiento de la sanidad pública que ha realizado el PP a lo largo de las últimas décadas en diversas comunidades autónomas, sino también por los cuantiosos destrozos en el terreno educativo y por su sempiterno desprecio hacia las artes y las ciencias. Algo que les viene ya de antiguo.

Anda que no tiene chufla que Casado denomine Plan Cajal a su proyecto de unidad cuando lo primero que hizo Franco tras el triunfo del golpe de estado fue exiliar, represaliar e inhabilitar a la mayoría de científicos y médicos al frente del Instituto Ramón y Cajal y de la Junta de Ampliación de Estudios. De los casi 600 catedráticos que había en la universidad española, unos 200 huyeron por patas al extranjero, 150 fueron desposeídos de su cátedra y 20 pasados por las armas. Y no fusilaron al propio Cajal porque se había muerto en 1934. Forges resumió en una viñeta magistral lo que era la cultura en tiempos del franquismo: se veía al dictador manejando unos títeres en un guiñol y cuando un edecán venía a informarle que le habían dado el premio Nobel de Literatura a Juan Ramón Jiménez se oía su vocecita de eunuco: "Los trinquen".

Lo más cerca que Casado habrá estado nunca de un proyecto científico fue cuando le regalaron un Quimicefa por la primera comunión, hasta que la semana pasada visitó un laboratorio para hacerse varias fotos disfrazado con una mascarilla y una bata blanca. Está muy preocupado porque el plan de desescalada del gobierno le parece caótico y partidista, y ha pedido conocer los nombres de los supuestos expertos que asesoran a Sánchez. Necesita saberlo, ante todo, para iniciar una campaña de desprestigio contra ellos más o menos similar a la que han lanzado contra el epidemiólogo Fernando Simón, al que sus seguidores acusan de no tener ni puta idea de nada y mucho menos de luchar contra una pandemia. Para ello, Casado cuenta con un comité alternativo de expertos formado por Quique San Francisco, Pablo Motos, Ana Rosa Quintana, Javier Negre y muy en especial, Fran Rivera, que dice que hay que aislar al bichito, sacarlo a los medios, pegarle unas chicuelinas y matarlo de una estocada en toda la proteína. Eso si Teodoro García Egea no lo desgracia antes con un certero huesazo de aceituna.

Cuando casi tengo que llamar a urgencias es en el momento en que Casado ha puesto a Ayuso como ejemplo de gestión eficaz que debería seguirse en toda España: pensé que, viendo lo que ha hecho en Madrid con las residencias de ancianos, lo siguiente sería declarar una ley de eutanasia obligatoria en todo el territorio. Al menos Casado ha preferido desligarse de la iniciativa de manifestación automovilística propuesta por Vox para el próximo 23 de mayo, donde pretenden ahuyentar al bichito conforme a la estrategia típica de esta gente: gritos, banderas y bocinazos. Ya sabemos que la propuesta de Abascal consiste en una España avanzada científicamente con la ayuda de Dios, es decir, más o menos el mismo concepto que Franco, quien habría ordenado primero una misa y luego una batida contra la pandemia judeomasónica para cazarla a perdigonadas, como si los virus fuesen codornices.