Punto de Fisión

Almeida y los Juegos del Hambre

Las últimas declaraciones de Almeida en relación con el posible permiso del ayuntamiento a las celebraciones multitudinarias por el título de Liga suenan terriblemente inquietantes: "Estamos estudiando si se va a permitir a la gente ir a La Cibeles". Estudiando -dice Almeida- la capacidad de la plaza, la limitación del aforo, los filtros de seguridad que garanticen un equilibrio entre los riesgos de transmisión del coronavirus y la tradicional sensatez que desprende una muchedumbre de forofos enardecidos. Este fin de semana hemos visto las turbas de zombis futboleros aglomerándose por millares en las calles de Cádiz, sin mascarilla ni guardar la distancia, a pesar de los ruegos de alcalde y mientras la policía se lavaba prudentemente las manos. Almeida lo está estudiando y todo hace prever que Madrid va a vivir otra de esas noches históricas en que Sergio Ramos trepa hasta lo alto de La Cibeles a ponerle una bufanda que, tal y como va el año, debería ser más bien un crespón de luto.

Las declaraciones de Almeida seguirían siendo igual de inquietantes sólo con que hubiera dicho: "Estamos estudiando". Sin ir más lejos, el pasado jueves una manifestación acudió a las puertas del ayuntamiento para protestar por la desidia que las instituciones municipales mantienen respecto a la situación de alarma de miles y miles de familias madrileñas. Asociaciones vecinales y grupos de voluntarios han intentado paliar el problema del hambre en una capital que dispone de unas cuentas saneadas gracias al anterior consistorio. Sin embargo, a Almeida el hambre no le preocupa porque, por lo general, él come muy bien, aunque parezca lo contrario. Día a día, colas y colas de gente hacen fila en las calles de Vallecas, La Latina, Aluche, Moratalaz, Chamberíy demás distritos madrileños aguardando para hacerse con un puñado de alimentos que les permita sobrevivir unos cuantos días: arroz, aceite, pan, azúcar, latas de conservas donadas generosamente por sus vecinos. En ningún caso se puede decir que ni los responsables del Ayuntamiento ni de la Comunidad no sean buenos cristianos, cuando no dejan de fomentar la caridad a manos llenas.

La respuesta de Almeida a esta emergencia social no se hizo esperar: el mismo jueves ofreció a los madrileños un concierto sorpresa de tres canciones de Alejandro Sanz desde un puente de la M-30, porque no sólo de pan vive el hombre. Fueron cerca de 40.000 euros destinados a pagar los costes de producción y los honorarios de los músicos que acompañaban a Sanz, puesto que el artista decidió no cobrar nada por la actuación. Muchos pensamos que esos 40.000 euros habrían sido mucho mejor aprovechados comprando alimentos para las miles de familias necesitadas en lugar de malgastarlos en un acto de propaganda musical, pero eso es únicamente porque tenemos la mentalidad de esos niños pequeños que prefieren salvar la selva amazónica, con sus animales, sus árboles y sus indios, en lugar de reconstruir Notre Dame. Con esta apuesta por la alta cultura (Alejandro Sanz y el Real Madrid), el alcalde pretende que la capital de España recobre su aura de ciudad hospitalaria y abierta a los extranjeros, siempre y cuando traigan la cartera repleta de billetes en lugar de un agujero en el estómago, que de esos hay de sobra, extranjeros y autóctonos. En breve Almeida presentará la enésima candidatura del Madrid Olímpico, en cuanto gane los Juegos del Hambre.