Punto de Fisión

Es la justicia, amigo

Una vez un amigo me dijo una frase que me dejó perplejo: "La justicia en España funciona". Estuve un buen rato dándole vueltas a la frase en la cabeza, igual que una lavadora en el programa de centrifugado, hasta que la cabeza se me quedó seca. Cuando saqué la frase, después de escurrirla mucho, y la tendí al sol, comprendí que no era exactamente una frase sino una sentencia. Una sentencia judicial para ser exactos.

Lo del funcionamiento remitía, lo mismo que la lavadora, a esos electrodomésticos antiguos que se arreglaban a base de hostias: un buen golpe a un costado de la lavadora y el animalito volvía a ponerse en marcha, un tortazo en el lomo del televisor y la imagen regresaba a su ser después de bailotear entre ondulaciones y rayas sin sentido. Había que enseñarle al aparato quién mandaba, al estilo de aquel ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, que palmoteaba a su conveniencia las espaldas del poder judicial: "Esto la Fiscalía te lo afina".

Afinar, lo que se dice afinar, no se puede afinar más una sentencia que la presentada ayer por la Audiencia Nacional, una partitura de 442 páginas interpretada por la Orquesta Sinfónica de Chicago que ha lavado a conciencia la estafa, la falsedad contable y el fraude aparejado por la salida a Bolsa de Bankia, dejando a 34 acusados limpios como la patena. Entre ellos, Rodrigo Rato y Ángel Acebes. Ocurre que el vulgo, el común de los mortales, no tenemos ni pajolera idea de cómo funcionan los mecanismos judiciales, pero por eso mismo funcionan: no hay más que ver lo contento que se ha quedado Rato, como si le hubieran hecho otra sesión de madrugada de depilación de ingles brasileñas a cargo de una tarjeta black.

Es normal que los magistrados no hayan visto el menor indicio de delito en un pillaje financiero sin precedentes, puesto que los sesudos analistas del State Street Global-Market describieron así los movimientos tectónicos de Wall Street tras el batacazo de 2008: "Los agentes no saben si comprar por el rumor y vender a la noticia, hacer lo opuesto, hacer ambas cosas o no hacer ninguna, según la dirección del viento". Rato lo dijo con menos palabras: "Es el mercado, amigo".

El mismo día que la Audiencia Nacional decía que el hundimiento en bolsa y el rescate bancario de 19.000 millones de euros no tenía responsables, la Sala Penal del Tribunal Supremo confirmaba por unanimidad la condena de un año y medio de inhabilitación al president de la Generalitat, Quim Torra, por un delito de sedición aderezado con pancartas y lazos amarillos. Puede que la justicia funcione pero no sé, suena un poco extraño, lo mismo que si la televisión empezara a escupir calcetines mojados mientras que en el interior de la lavadora girase Ferreras a 50 revoluciones por minuto dando un telediario. Al fin y al cabo, es la misma lavadora que juzgó a la cúpula financiera del PP bajo el epígrafe de "organización criminal", que aceptó los papeles de Bárcenas como prueba de una contabilidad en dinero negro, pero fue incapaz de deducir quién era ese "M. Rajoy" que aparecía en los recibos. "Yo soy la justicia" decía Charles Bronson dictando sentencia por las calles de Nueva York a golpe de revólver. Aquí nos basta con un mazo.