Punto de Fisión

Nadie quiere al rey ninot

En una encuesta sobre la monarquía promovida por 40 medios independientes, la república ha salido ampliamente ganadora, con un 40.9% frente a un 34.9%. No obstante, nunca hay que fiarse mucho de los preliminares en estos asuntos de muestreo, porque unos cambian de opinión apenas les preguntan en serio mientras otros dicen justo lo contrario de lo que piensan. Yo, por ejemplo, lo hago siempre sólo por fastidiar las estadísticas, aunque en el más de medio siglo de vida que llevo a cuestas todavía no me haya encuestado nadie sobre ningún asunto, mucho menos sobre la monarquía como forma de Estado. Se trata de una victoria pírrica promovida desde unos comicios ilusorios con unas cuestiones homeopáticas, de manera que tampoco hay que hacerle mucho caso.

En prevención de lo que pudiera salir de dicha encuesta, Cayetana Álvarez de Toledo preparó un video de primera donde un montón de personalidades e intelectuales (un amplio abanico que iba de Belén Esteban, princesa del pueblo, a Albert Boadella, presidente de Tabarnia) aparecían voceando vivas al rey, como si fuese un anuncio de coñac La Parra. Uno de los más intelectuales aseguraba que apoyaba la monarquía precisamente porque creía en el republicanismo de verdad, un argumento similar al de los toreros que dicen querer mucho a los toros, tanto que los revientan a estocadas para que no se extingan -con esa misma clase de amor por la república, Letizia Ortiz llegó a reina. De hecho, una vez despachado el video, Cayetana se saltó a la torera el confinamiento y viajó hasta la plaza de Córdoba para que Morante de la Puebla, el diestro más diestro que existe, le brindara el tercero de la tarde. Los toros, animalitos, eran los únicos que mantenían el estado de alarma.

El amor por la monarquía española quedó demostrado mediante la figura de cera de Felipe VI con que los artistas Santiago Sierra y Eugenio Merino montaron la marimorena en la edición de ARCO del año pasado. El precio era de doscientos mil euros y no hubo un solo coleccionista dispuesto a comprarla, a lo mejor porque se vendía con la condición de quemarla antes de un año, a lo mejor porque media únicamente cuatro metros y medio, muy poco para un borbónico que se precie. Se rumoreó que había varios compradores que llevaban las cerillas junto la chequera, pero lo que pretendían era que ardiera no sólo el ninot sino también el resto de las instalaciones de ARCO. No hace mucho tiempo, Merino reemplazó una pera de boxeo por un busto de Franco, mientras que Sierra la lió parda con una serie fotográfica que tituló Presos políticos, de manera que están acostumbrados a perseguir el escándalo y a ofender al buen gusto, al mal gusto, a la vista, al olfato, al oído y al tacto.

Finalmente, el ninot de cuatro metros y medio de Felipe VI ardió la mañana del martes en una calle de Berga, municipio de Barcelona, y para recuperar algo de dinero la pareja de artistas ha anunciado que pondrá a la venta una grabación junto con los restos del churrasco. Sierra, que no tiene abuela, dijo que la estatua (más fea que un papiloma)  era bellísima justamente porque estaba destinada al fuego, al tiempo que Merino corroboraba que lo que estaba a la venta era el placer de meterle candela. Es muy posible que estas fallas en miniatura hayan equilibrado a favor de la corona el ridículo del video de Cayetana, un engendro que también podría haberse exhibido en ARCO más o menos con el mismo éxito. Fue un error no haber hecho el ninot con el modelo del rey emérito, porque así habríamos descubierto que, además de inviolable, es ignífugo.