Punto de Fisión

Los problemas crecen, los reyes también

En España hemos solucionado los problemas que produce un rey a cargo de la jefatura del Estado mediante un procedimiento similar al modo en que James Stewart arreglaba la molestia de su pierna escayolada al final de La ventana indiscreta: con otra pierna escayolada. Dos mejor que uno es un lema sumamente español, un eslogan que lo mismo vale para un borbón que para un plátano de Canarias. Fue una suerte que James Stewart sólo contara con dos piernas en esa película, porque de tener una tercera seguramente habría acabado también enfundada en otra escayola, tal y como se presenta el panorama en nuestro país, con Froilán en la recámara de la sucesión, preparado para recoger el testigo entre el aumento de la esperanza de vida y la enorme tasa de natalidad de los borbones.

Los problemas crecen era el título de una sitcom ochentera protagonizada por una familia en constante estado de expansión, como el universo o la Casa Real española, pero también podría ser el eslogan de otro anuncio de plátanos de Canarias. Desde que el rey Juan Carlos empezó a abdicar por partes (de Corinna, de Hugo Chávez, de cazar elefantes y finalmente de la jefatura del Estado), la figura ejemplar que la prensa había glorificado durante décadas fue sutilmente transformándose en un ejemplo de otra clase: un escalonado proceso de conductas a no seguir que van desde el exilio del dormitorio conyugal a la patriótica costumbre de esconder dinero en Suiza.

La investigación iniciada por la Fiscalía Anticorrupción sobre los pagos con tarjetas opacas posteriores a su abdicación intenta dilucidar si el rey Juan Carlos defraudó a Hacienda o bien defraudó a todos los españoles. Hacienda y el conjunto de la nación al completo pudieran parecer sinónimos pero aquel viejo eslogan publicitario de 1978 ("Hacienda somos todos") se ha ido carcomiendo con los años (cada vez menos todos) a medida que vamos conociendo los centenares de trucos con que los millonarios rellenan su quiniela anual y el emplazamiento exacto de diversos paraísos fiscales. Un desgaste semejante al desprestigio de la Corona, que cada día anda más de capa caída, entre fabulosos editoriales de juegos malabares y viles escándalos publicados en la prensa extranjera.

Ya avisamos en su día que existe una campaña internacional de difamación contra el rey Juan Carlos que consiste en informar puntualmente sobre las actividades del rey Juan Carlos. Con tantas noticias sobre Corinna, cuentas en Suiza, comisiones por birlibirloque, máquinas de contar billetes y elefantes tiroteados, era fatal que el republicanismo creciera hasta el punto de que el ex capitán José Manuel Adán Carmona, ideólogo y redactor de la carta-bomba en la que pedía al rey Felipe VI su visto bueno para un golpe de estado, se declare republicano. Aquí en España, de la reina Letizia a los militares que gritan viva el rey, los monárquicos más recalcitrantes son republicanos, una paradoja tan extraña como la de que en teoría un monarca haya abdicado y en la práctica tengamos dos.

Mientras el rey Juan Carlos va regularizando su situación fiscal, el rey Felipe VI todavía no ha dicho ni una palabra sobre el apoyo que le pedía más de medio centenar de generales para liquidar este gobierno etarra y comunista, ni tampoco sobre el proyecto de fusilar a 26 millones de súbditos, hijos de puta mayormente. Es muy significativo este silencio estatal comparado con la locuacidad con la que el rey Felipe VI se pronunció en su día contra el peligro de la secesión catalanista. Claro que hay que tener en cuenta que una cosa es España, la nación, y otra muy distinta los españoles, los ciudadanos, no digamos ya los hijos de puta, que somos legión. No es que la monarquía se haya regularizado, sino que va regular. Tranquilos, que seguro que nos lo aclara en el mensaje de Nochebuena.