Punto de Fisión

El año de los inocentes

Este año el 28 de diciembre llueve sobre mojado, ya que llevamos desde marzo soportando inocentadas una detrás de otra por parte de la naturaleza, de la realidad y, sobre todo, del gobierno. Para los votantes de derechas, no digamos ya para los líderes de derechas, este gobierno personifica exactamente a Herodes, aquel monarca de Judea que estaba muy mosqueado porque alguien había confundido una profecía con un villancico y mandó matar a todos los bebés de la región con la idea de eliminar la competencia. Nunca se ha sabido muy bien qué tendrá que ver una masacre indiscriminada de niños de teta con gastar bromazos y hacer el gilipolllas, pero la relación nos la han explicado una y otra vez Casado, Abascal, Rivera y otros exégetas al descubrir el plan maestro del gobierno comunistarra made in Venezuela para exterminar al mayor número de españoles posible sin necesidad de recurrir a la patriótica técnica del fusilamiento.

Según ellos, el muñequito en la espalda lo llevamos colgado los españoles no desde que se desató la pandemia, sino desde mucho antes, más o menos desde que socialistas y comunistas instauraron un golpe de estado a fuerza de votos y de pactar entre ellos mismos, dónde se habrá visto. El español es inocente por definición y por eso no para de equivocarse y votar lo que no debe, cuando está claro que a la hora de llevar las riendas del país de forma seria y competente no hay como la gente bien de la derecha. Lo vimos con la catástrofe del Prestige, con los atentados del 11-M y con los muertos del Yak-42, tres perfectos ejemplos de gestión en tiempos de crisis. El Yak-42 fue mala suerte, el 11-M cosa de la ETA y el Prestige unos hilillos. No hace falta ser muy listo para comprender que la tragedia del covid-19 ha sido planeada por la Internacional Comunista con sede en China bajo el patrocinio de Bill Gates y la colaboración de diversos grupos etarras coordinados por Pablo Iglesias desde su chalet de Galapagar.

La penúltima muestra de desfachatez (nunca mejor dicho) criminal de esta coalición de titiriteros que fomenta la dictadura a base de democracia ha sido revestir las primeras cajas de la vacuna recién llegada a España con la indecente pegatina de "Gobierno de España". A quién se le ocurre. Vamos, que sólo les ha faltado plantar una bandera española de 50x50 en mitad del hangar y pintar las jeringuillas a bandas rojas y amarillas. Cuando todo el mundo sabe que la bandera española está para tapar otras cosas, por ejemplo, las cuentas en negro de la Gürtel, los traslados de pacientes graves desde el hospital de emergencias Isabel Zendal o la financiación iraní de Vox. A un verdadero patriota se lo reconoce porque lleva la bandera española en la correa del reloj, en el borde de la mascarilla y en el logo de su cuenta de twitter.

Que la vacuna haya empezado a distribuirse justo un día antes del 28 de diciembre sólo se puede ver como una broma pesada, otra inocentada más de este gobierno genocida que no mata más gente porque son más inútiles que criminales, afortunadamente. Habrá que fijarse bien a ver si en las próximas comparecencias ante el micrófono, Fernando Simón no aparece con una nariz de payaso o con un muñequito a la espalda. Se equivocó ligeramente con los casos que iba a haber en nuestro país ("uno o dos" dijo), con el uso de las mascarillas ("no van a ser necesarias" dijo) y con prácticamente todas y cada una de las previsiones y recomendaciones para hacer frente a la pandemia. Le ocurrió por hacer caso a los médicos, a los epidemiólogos y a la OMS, en lugar de consultar a expertos como Pablo Motos y José Manuel Soto. Qué inocentes somos.