Punto de Fisión

Milenarismo con retraso

Todo el mundo esperaba el fin del mundo acompasado con el cambio de milenio por culpa de un desbarajuste informático y resulta que el fin del mundo se presenta ahora, con veinte años de retraso y además por medios exclusivamente analógicos. El viejo dilema entre lo digital y lo manual -ejemplificado entre los relojes Casio y los relojes de toda la vida- se ha resuelto a favor de la medida de tiempo tradicional: la manecilla, la arena, la clepsidra. No es serio imaginarse a los cuatro jinetes del Apocalipsis en moto, citándose en Tinder y compartiendo mensajes en Facebook, sino cabalgando a la antigua usanza, a uña de caballo, entre calaveras y guadañas, como una banda heavy metal de los ochenta.

El efecto 2000, en efecto, fue una chapuza clamorosa, más que nada porque no tuvo en cuenta que un fin del mundo como Dios manda requiere de jinetes apocalípticos: la Peste, la Guerra, el Hambre y la Muerte. La Guerra y el Hambre estuvieron ahí desde el comienzo de los tiempos, sólo que últimamente nunca salen en las noticias, y la Muerte siempre fue un asunto personal, aunque cada vez le da más por montar orgías, raves y acampadas multitudinarias. En cuanto a la Peste la tenemos encima desde hace más de un año y tampoco es que hayamos hecho mucho por detenerla, primero porque había que salvar la temporada veraniega, después porque había que salvar la Navidad y ahora porque hay que salvar San Valentín y la Semana Santa, que se anuncia más santa que nunca.

Los signos apocalípticos se suceden entre el estupor general, más allá de las predicciones de los Simpson: la erupción del Etna, un pequeño terremoto en Granada y uno bastante más gordo en la Antártida, notificado por la caída de un meteorito en Antofagasta, frente a la costa chilena. Todavía no hay una fecha prevista para el aterrizaje de naves extraterrestres, pero todo se andará, es cuestión de tiempo. Arrabal se adelantó 31 años con sus predicciones alcohólicas sobre el milenarismo en aquella divertida tertulia de Sánchez Dragó en la que no dejaba meter baza a nadie, igual que cuando se ponía a hablar de Bobby Fischer. Pensábamos que estaba borracho cuando decía a voces que el milenarismo iba a llegar y olvidábamos el hecho esencial de que los borrachos siempre dicen la verdad. También parecía que Arrabal iba de coña cuando era el único tertuliano que estaba hablando en serio.

Un cura de los salesianos, muy apocalíptico él, nos aseguraba a los chavales que teníamos mucha suerte, ya que íbamos a ser la generación que iba a presenciar en vivo y en directo el fin del mundo y la resurrección de los muertos. Hemos tenido que esperar un poco, pero no le faltaba razón al hombre. A lo mejor los números redondos no acaban de funcionar porque la Tierra no es una esfera perfecta sino achatada por los polos, según dicta la ciencia. Sin embargo, en contra de todas las evidencias científicas, cada vez más gente vuelve a creer que es plana y, para darles la razón, los polos se están derritiendo. Aquella vieja alternativa entre apocalípticos e integrados, preconizada por Umberto Eco, se está decantando claramente a favor de los primeros, sólo que Umberto Eco no tuvo en cuenta que la inmensa mayoría de los apocalípticos acabarían integrados, resignados en la certeza del final, y seguirían pirándose de compras, de bares y de fiestas mientras el mundo se va tranquilamente a la mierda.