Punto de Fisión

Los extremismos se tocan

El presidente de Vox, Santiago Abascal, interviene en un acto de campaña junto a la candidata a la Comunidad de Madrid, Rocío Monasterio. EFE/Fernando Villar

Andan los medios revueltos porque Podemos y Vox se han liado la manta a la cabeza, tirando unos de la derecha y otros de la izquierda, armando mucho follón, porque a unos les envían balas por correo mientras otros se van a Vallecas a armar bronca y a recolectar piedras. Es una reedición en bolsillo y para todos los públicos de la batalla de Stalingrado, donde los comunistas se enfrentaban a los nazis básicamente porque les hacían la competencia, porque eran iguales, tal y como nos llevan repitiendo desde hace años los medios, que para algo están en el medio y además en el justo medio. Lo dice, por ejemplo, Vicente Vallés, un hombre tan equilibrado que si está más en el medio se cae y se mata.

Ocurre que Pablo Iglesias no había provocado lo suficiente con dejarse coleta, hacerse un moño, comprarse un chalet en Galapagar de su propio bolsillo e incordiar a los pacíficos manifestantes que estuvieron pidiendo su expulsión de la localidad durante meses. No, encima, por si fuera poco, Iglesias viene a protestar porque le han enviado una carta de propaganda electoral llena de plomo, una campaña electoral de grueso calibre que le ha llegado también a la directora de la Guardia Civil, María Gámez, y al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. En España las balas son más baratas que el papel y mucho más didácticas que los libros, por eso hace poco un grupo de militares retirados exponía el plan de fusilar a 26 millones de hijos de puta, españoles en su mayor parte, una estrategia que acabaría de una vez por todas con el radicalismo político e instalaría al país en el centro por los siglos de los siglos.

En efecto, las elecciones en Madrid se están polarizando por culpa de estos molestos extremismos que no dejan a los ciudadanos tomarse una caña en paz en una terraza. Se ve que aquí defender un sueldo digno, una pensión digna, una casa digna, un ingreso mínimo vital como los demás países civilizados, resulta tan escandaloso como decirles a los negros que se marchen, a las mujeres que apechuguen, a los homosexuales que se aguanten y a los pobres que se jodan. Sí, se ve que en España pedir que se cumplan los derechos fundamentales, amparados en varios artículos de la Constitución, es un auténtico disparate. Excepto en lo que concierne a la unidad territorial, ya que España existe mucho antes del diluvio universal, del Big Bang y del Génesis.

A la gente de Vox les indigna la ley del aborto y la indefensión de los fetos, pero en cuanto los fetos salen despedidos de la placenta y se ponen a berrear, más les vale nacer en un país decente y ponerse a buscar curro y una religión como Dios manda; de otro modo, se convierten en menas, le quitan la pensión a tu abuela y te van a ocupar el piso en cuanto bajes a tirar la basura. Hablando de ocupar, puesto que Ayuso está ocupando todo el espacio ideológico de la derecha, desde el centro hasta el paredón de fusilamiento, es lógico que Vox tenga que buscar un poco de aire donde respirar, aunque sea al precio de que los tomen por comunistas.