Punto de Fisión

El planchazo

Pedro Sánchez y Carmen Calvo en sus escaños del Congreso de los Diputados. /EFE
Pedro Sánchez y Carmen Calvo en sus escaños del Congreso de los Diputados. /EFE

A lo mejor no tiene mucho que ver, pero ha sido cortarse la coleta Pablo Iglesias y caer encima de España una factura de la luz que parece un sudoku, con franjas horarias, horas punta y atascos de fin de semana. Para llegar a fin de mes, muchas familias van a tener que resolver un videojuego a vida o muerte la mar de divertido en el que deberán cocinar, planchar, afeitarse, pasar la aspiradora y usar cualquier electrodoméstico antes de las ocho de la mañana. Ríete tú de Indiana Jones en busca del arca perdida, buscando el rayo de sol que indique el mapa del tesoro. Al primer fallo, te cortan la luz, y al segundo, te vas a la puta calle.

No, seguramente la dimisión de Iglesias no tiene mucho que ver, ya que el pasado abril la factura de la electricidad marcó un récord histórico durante el segundo año de la pandemia, quizá para concienciar a los españoles de que lo mejor para calentar la casa era quemar los muebles y lo segundo mejor quemar las calles. Sí, la nueva consigna del gobierno comunista, etarra y bolivariano es robar a los pobres para dárselo a los ricos, a Iberdrola y Endesa, una táctica que hace pensar si Sánchez y sus socios no estarán planeando la revolución definitiva, el asalto a los cielos parlamentarios, la toma del Palacio Real, o bien que votemos a la derecha de toda la vida, que al menos ya estamos acostumbrados al latrocinio. Qué gran hallazgo semántico resulta que a las clavijas con varias tomas de corriente se les denomine "ladrones". El idioma es sabio.

Gracias a este original sistema de estafa eléctrica, la gente podrá elegir entre planchar o dormir, poner el lavavajillas o dormir, pasar la aspiradora o dormir, darle a la lavadora o dejar dormir al vecino. Entre las posibles opciones no se descarta el horno a pedales, la cafetera a yesca y el alumbrarse con velas, un retorno al Medievo donde no hay el menor peligro de que los cortes de luz desemboquen en cortes de carretera primero y en cortes de cabeza después, porque los españoles, aparte de dóciles, estamos muy bien amaestrados.

Esta subida salvaje está pensada al milímetro, la verdad, ya que los diferentes tramos de facturación se corresponden con los diferentes períodos de reflexión del votante hispánico, quien de doce a ocho de la mañana sueña vagamente con votar a Podemos, cuando se despierta vota al PP y cuando se cabrea vota al PSOE para que todo siga como estaba. En el programa electoral de Podemos se encontraba la fantasía animada de nacionalizar las eléctricas, pero como el que manda es el PSOE al final el gobierno ha decidido nacionalizar a los pobres, que siempre resulta más rentable.

Finalmente, la inefable Carmen Calvo ha zanjado la cuestión explicando que la factura será mucho más asequible siempre que la gente se acostumbre al nuevo horario, puesto que la luz, como es lógico, sale más barata de noche. Bastará con poner el lavavajillas de doce a una de la mañana, con planchar de dos a cuatro, y con poner la lavadora a las cinco, a ser posible todas ellas juntas al lado de la casa de Carmen Calvo, la de Pedro Sánchez y las de los jefazos de las eléctricas. Lo importante, ha explicado la vicepresidenta y antigua ministra de heavy metal, no es la hora a la que se plancha, sino quién plancha, algo que a ella le preocupa cantidad porque le jodería el descanso al servicio. Es lo mínimo que podía esperarse de una señora que dijo que el dinero público no es de nadie: el planchazo es todo nuestro.