Punto de Fisión

Orden de alejamiento

Desde siempre el veraneo hispánico venía tapizado con reportajes satinados de la familia real en Marivent, pero en los últimos años el rey emérito viene copando otro tipo portadas, del mismo modo que el ¡Hola! y las noticias de sociedad han ido dejando paso a la sección de economía y a las exclusivas sobre tráfico de armas. Aunque hace ya bastante de su abdicación, al pueblo español se le hace difícil admitir que hay un nuevo monarca en el trono, no sólo porque el perfil del anterior sigue ilustrando las monedas de euro sino también porque su nombre empieza a aparecer frecuentemente en los requerimientos de jueces y fiscales extranjeros. Todas las monedas tienen una cara y una cruz, excepto la del rey, que en España siempre cae de canto.

Sin embargo, en Gran Bretaña a Juan Carlos le ha caído encima otra cruz al llevarse a trámite la demanda en la que Corinna Larsen solicita una orden de alejamiento de 150 metros y una sustanciosa indemnización debido al acoso y las amenazas sufridas por parte del entorno del rey emérito y los agentes secretos españoles. Se ve que los 65 millones de euros que, según Corinna, le regaló en concepto de manutención para ella y sus hijos, no son suficiente compensación por los servicios prestados a la corona. Se ve también que "la amiga entrañable", el vistoso eufemismo con que la prensa española designaba a Corinna, era mucho más preciso de lo que parecía, ya que no se refiere tanto a la amistad, la intimidad o la cercanía sino a su vengativo empeño de arrancarle las entrañas.

La noticia llega apenas un día después de que un fiscal suizo descubra otra cuenta asociada al rey emérito en el banco Credit Suisse de Ginebra, a nombre de una sociedad offshore panameña, y tan sólo unas horas más tarde de que Unidas Podemos se haya unido a la reclamación para investigar los turbios vínculos de la fortuna personal del monarca con la venta de armas a países árabes y la aclaración de las comisiones ilegales correspondientes. Es normal que los monárquicos, por no hablar de los juancarlistas, echen de menos aquellos días felices en que uno abría el periódico en el mes de julio y se encontraba con Juan Carlos ganando otra regata. Sin embargo, el nombre de las embarcaciones y del equipo de vela -Bribón, del II al XIV, con el rey siempre a la caña- debería haberlos puesto sobre aviso.

La verdad, una orden de alejamiento de 150 metros para el rey Juan Carlos parece muy poca cosa; tal vez por eso mismo él decidió marcharse mucho más lejos, a Abu Dhabi, concretamente a una residencia de lujo de unos mil metros cuadrados, con sala de cine, piscina kilométrica, jardines y playa privada situada en una isla paradisíaca. Cuando sufrió un infarto, mi buen amigo, el estanquero Jesús Llano, pidió una orden de alejamiento del estanco, pero el médico sólo le concedió unas semanas antes de que volviera al tajo. No está muy claro si hay vigente una orden de alejamiento de la prensa española hacia el rey Juan Carlos, pero lo parece. De momento, en lo que respecta al aspecto monetario, la cara sigue siendo suya y la cruz toda nuestra.