Punto de Fisión

Casado se retrata

El presidente del PP, Pablo Casado, conduce maquinaria agrícola frente a los campos de lavanda de Brihuega (Guadalajara). E.P./Rafael Martín
El presidente del PP, Pablo Casado, conduce maquinaria agrícola frente a los campos de lavanda de Brihuega (Guadalajara). E.P./Rafael Martín

Ante la pregunta de por qué el PP escogió como líder a Pablo Casado en lugar de a Soraya Sáenz de Santamaría -una candidata mucho más preparada, seria, culta y curtida en todos los aspectos- la respuesta se escribía sola: precisamente por eso, porque Soraya era más seria y estaba demasiado preparada, mientras que el votante promedio lo que quiere es pasárselo bien, disfrutar del circo y reírse un buen rato. Seguramente habrá otras explicaciones más sesudas, pero ninguna aclara mejor la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, un experimento en el que medio mundo contuvo la respiración y que luego demostró que no había para tanto. Ya habíamos visto a Calígula con el cetro de emperador, pero no podíamos sospechar que esta vez iban a elegirlo por mayoría y además con acceso al botón rojo.

Circunscrito al ámbito popular y con ambiciones mucho más modestas, Pablo Casado está intentando emular los grandes éxitos de Mariano, un hombre que te daba el artículo hecho apenas abría la boca o se ponía un chándal. El problema es que, por desgracia, carece de los recursos cómicos de su predecesor y todavía no ha encontrado el atuendo idóneo para convencer al electorado, eso sin contar que Ayuso le adelanta por la derecha cada vez que le arriman un micrófono. Entre otras muchas cosas, Casado se ha disfrazado de estudiante, panadero, agricultor, científico, criador de cerdos y pastor de ovejas, pero no dio el pego ni al pan, ni a las ovejas, ni a las neuronas, ni a los libros, ni a los cerdos. También pretendió asar un chuletón sin encender el fuego, utilizando sólo el poder de su mente, pero parece que al final la carne resistió incólume el brillo de microondas de su sonrisa.

En su penúltimo intento para hacerle la competencia a Mortadelo, Casado fue hasta Jaraíz de la Vega y se fotografió ordeñando unas vides. Criticó a los políticos que únicamente van al campo a hacerse fotos mientras asegura que él, desde el momento de nacer, no ha hecho otra cosa más que pisar explotaciones agrarias, una frase que no deja muy bien a Soraya y a las demás cabezas de rivales que ha ido pisoteando en su meteórico ascenso por el castellet jerárquico del partido. La verdad es que se le veía muy ducho palpando las uvas, al estilo de un ginecólogo durante una mamografía, y únicamente se echaba en falta un cubo donde fuera cayendo el mosto recién exprimido.

Con todo, el disfraz que más veces se ha puesto Casado, y además sin gastarlo, es el de político, criticando siempre al presidente del Gobierno con la retranca de un parroquiano en la taberna, ya sea ante la gestión de la pandemia, el tema de la vacunación, las vacaciones de verano o el problema de la evacuación en Kabul. Si hay que vendimiar, se vendimia. Es una lástima que la realidad lo abofetee una y otra vez mediante estadísticas, datos, comparativas, elogios en la prensa extranjera e incluso la felicitación personal de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyden, alabando la actuación española en la crisis de Afganistán. No se descarta que Casado vaya al desierto de Los Monegros a hacerse otra foto debajo de un turbante o de un helicóptero, aunque lo mejor sería debajo de un burka.