Punto de Fisión

Nevermind por la jeta

Portada del disco 'Nevermind' de Nirvana
Portada del disco 'Nevermind' de Nirvana

La portada de Nevermind, una de las más chocantes del rock, muestra a un bebé regordete sumergido en una piscina y braceando tras un billete de un dólar vistosamente enganchado a un anzuelo. El bebé, por supuesto, está desnudo, como corresponde a un bebé, y cualquiera diría que hay que estar muy, pero que muy mal de la cabeza, para ver en esa imagen una invitación a la concupiscencia, a la lascivia, o vaya usted a saber qué. No hay que ser un lince ibérico para comprender que la conjunción de un billete de un dólar, un anzuelo y un bebé apunta a una crítica feroz del consumismo al que estamos abocados desde la más tierna infancia. Sin embargo, pedófilos hay en todas partes. Imbéciles, también.

Spencer Elden no es que sea exactamente un imbécil, al contrario, es muy listo, tanto que ha presentado una demanda millonaria contra el grupo Nirvana -más de un millón de dólares en total- porque alega que ha sufrido daños incalculables por culpa de esa portada que dio la vuelta al mundo. Spencer Elden no es otro que el bebé regordete de la portada, que ha esperado a cumplir treinta años para llamar a su abogado, ya que con cuatro meses de edad difícilmente podía emprender acciones legales y además estaba bajo la tutela de sus padres. Sus padres, por cierto, eran amigos del fotógrafo que hizo el retrato y sacaron doscientos dólares por la faena, algo que evidentemente a Elden le parece muy poco, sobre todo teniendo en cuenta que Nevermind habrá vendido cerca de 30 millones de copias.

Probablemente Elden debería demandar primero a sus padres, a lo mejor ya lo ha hecho y la noticia no ha trascendido, pero difícilmente iba a exprimirles el millón largo de dólares que espera obtener con esta historia. Elden sostiene que la portada de Nevermind es un reclamo de pornografía infantil que Nirvana usó para promocionar su música a costa de su sufrimiento. De hecho, Spencer sufrió tanto que en los aniversarios del álbum recreó la misma imagen, eso sí, usando un bañador. Es la exposición de sus genitales en miniatura la que ahora le resulta insoportable, cuando le basta entrar en un restaurante, una estación de metro o un estadio de béisbol para pensar que todos los presentes lo han visto en pelotas.

Entiendo la angustia de Elden, ya que una de mis pesadillas recurrentes es encontrarme desnudo en medio de una muchedumbre, aunque en mi descargo debo añadir: primero, que se trata de un sueño; segundo, que en el sueño no soy un bebé; tercero, que nadie me hace ni puto caso. Probablemente, esto último también es el problema principal de Elden. Comprendo además que la tentación de no dar ni un palo al agua y vivir como un borbón el resto de su vida haya empujado a este treintañero por el sendero de la reclamación jurídica, olvidando que hace unos años estaba tan orgulloso de aquella portada que se metía en una piscina y se hacía una foto intentando imitarse a sí mismo buceando con cuatro meses para recordarlo bien.

En sí misma, la demanda puede parecer una gilipollez, pero conviene recordar que Estados Unidos es un país donde mucha gente se ha dado la vida padre con reclamaciones mucho menos absurdas, por ejemplo, la de aquella señora que entabló juicio contra un parque de Disneylandia porque su hija pequeña había visto cómo Goofy se quitaba la cabeza y debajo aparecía un señor sudando mucho y desde entonces su hija no paraba de llorar. Nirvana no es uno de mis grupos favoritos, pero se me ocurre que sería un acto de justicia que todos los fans de Nirvana inicien una demanda conjunta contra Spencer Elden por joderles el recuerdo que tenían del disco, alegando que ahora, por su culpa, cada vez que echen un vistazo a la portada de Nevermind, no verán un adorable bebé regordete sino un jeta con mucha jeta.