Punto de Fisión

Curso de liderazgo para 'dummies'

Albert Rivera, en un debate de las elecciones del 10-N.

Normalmente, al concluir su actividad política, los grandes líderes toman una puerta giratoria y se reencarnan en consejeros de un banco o una gran empresa hidroeléctrica, un ascenso que en ajedrez se denomina coronación: cuando uno de los peones alcanza la octava fila del tablero y puede convertirse en dama. En España tenemos un montón de sapos políticos reconvertidos en príncipes gracias a un oportuno beso, y también unas pocas excepciones que han vuelto al tajo, a la mina, al colegio o al bufete de abogados. El consejero bancario o hidroeléctrico es una figura de mucha tradición también en la mafia, donde el consejero iba a ver si podían arreglar las cosas antes de enviar una cabeza de caballo.

A veces el peón llega a la octava fila y no se decide entre la transformación en dama, torre, alfil o caballo; sucede que quisiera volver a ser peón, como Gerardo Iglesias o Julio Anguita, pero una vez que has tocado el techo del gobierno es muy difícil. Las reglas del ajedrez son claras al respecto, por eso, a pesar de que muy pronto renunciará a su indemnización por el cargo de vicepresidente, Pablo Iglesias ha copado un montón de puestos de tertuliano y columnista en diversos medios, olvidando que hay muchos compañeros que viven de esto. La verdad es que el de columnista es un oficio en caída libre desde hace mucho tiempo, más o menos desde el día en que Leticia Sabater empezó a publicar en el Marca. Con que alguien sepa escribir, ya se le considera capacitado para hacerlo, del mismo modo que Paquirrín abre la boca y graba un disco o que un gato asciende a pianista en el momento en que le da por pasearse por encima de un teclado.

Probablemente Pablo Iglesias debería engrosar la lista de profesores que Albert Rivera está reclutando para su próximo curso de Liderazgo y Management Político, un plantel de lujo en el que sobresalen Gallardón, Madina, Piqué (el futbolista no, el otro Piqué) y Vargas Llosa. Iglesias debería impartir la asignatura de cómo liderar un movimiento político no sólo sin ayuda del Ibex sino con el Ibex en contra, los medios de comunicación en contra, los grandes poderes en contra, los barones de su partido en contra y los talabarteros en contra. Por su parte, Albert Rivera va a explicar cómo empezó su carrera política casi en pelotas para acabarla totalmente en pelotas.

Tal vez por nostalgia, tal vez por echarse unas risas, Rivera ha llamado también a la palestra a su antiguo compañero de Ciudadanos, Toni Cantó, con la intención de que ocupe la cátedra de Travestismo Político. El Leonard Zelig de la política española instruirá a los alumnos en el difícil arte de defender dos opiniones contrarias a la vez, estar en tres distintos sitios al mismo tiempo, combatir la corrupción y promoverla, predicar y no dar trigo o enviar una cabeza de caballo y luego comérsela. Hace poco un tipo anunció que acababa de terminar un libro llamado "Cómo escribir un best-seller" y montó una colecta en las redes sociales para poder publicarlo. Alguien le sugirió que se leyera su propio libro.