Punto de Fisión

Casado es todo él un lapsus

Casado, este domingo en Puertollano. EFE/Jesús Monroy

El otro día en el Congreso de los Diputados, Pablo Casado sufrió un desliz verbal en el que estuvo a punto de decir la verdad, uno de esos lapsus freudianos que revelan que el inconsciente es mucho más inconsciente de lo que pensamos. Subido al púlpito, envuelto en la palabrería propia del lugar en el que se encontraba, Casado se empezó a gustar y de repente abrió las mandíbulas en exceso, totalmente metido en el papel de jefe de la oposición, y dijo "O" en lugar de "E", con lo que primero todo el hemiciclo y a continuación media España casi pudo oír que el PP volvería a robar por boca de su jefe de filas. El pobre quiso tragarse a Pedro Sánchez de un bocado y por poco no se traga toda la podre que lleva años escondiendo bajo la alfombra.

La diferencia entre el "robar" que a duras penas Casado pudo abortar en sus labios y el "resolver" que finalmente salió a la palestra tampoco es tan grande si se piensa que "resolver"es el verbo que los cubanos emplean para ganarse la vida a salto de mata. Entre el bloqueo, la falta de recursos y la penuria endémica de la isla, un cubano va resolviendo las cosas con lo que tiene a tiro, aunque pocas veces se habrá visto en el dilema de echar mano al verbo "resolver" para resolver una cagada monumental que era también una declaración de intenciones. En otro de esos momentos mitológicos en los que al PP les dio por desvelar la viga maestra de sus planes quinquenales, su antecesor en el cargo, Mariano Rajoy, dijo a los cuatro vientos: "Lo que nosotros hemos hecho es engañar a la gente". Conste que quinquenal aquí viene de quinqui.

A fuerza de echar hacia atrás, al depósito monstruoso del pasado, toda la responsabilidad por los presuntos latrocinios, saqueos y corruptelas con que han arrasado las arcas públicas, Casado se ha encontrado con el pasado a las puertas mismas del presente, rebosándole de la boca, y por poco no dice lo que andaba pensando. Ya lo advirtió Faulkner con una de sus frases lapidarias, "el pasado todavía está sucediendo", aunque llega a escribir Faulkner una novela sobre la epidemia de amnesia de los jerarcas del PP en los diversos juicios por corrupción ("No me acuerdo", "No sabía nada", "No me consta") y tiene que poblarla exclusivamente con tontos de pueblo.

Para explicar el lapsus de Casado, hay que tener en cuenta que se encuentra enredado entre sus intentonas de sabotear la labor del gobierno, los lastres de los diversos casos judiciales del partido y la disputa interna el liderazgo del partido con Isabel Díaz Ayuso, una auténtica pelea a cuchilladas digna del Romancero gitano. En el cierre del Congreso del PP en Puertollano, Casado ha dado el espaldarazo definitivo a Paco Núñez como líder regional en Castilla-La Mancha, un hombre que apuesta por la tauromaquia y la caza, y que además presume de haber arrimado el hombro en la barra de un bar: toros, escopetas y copas, la santísima trinidad ideológica de la derecha. Tampoco hay que olvidar que cada vez hay más sospechas de que Enrique Arnaldo, el inverosímil candidato del PP al Tribunal Constitucional, tuvo mucho que ver en la milagrosa licenciatura de Casado, cuando logró aprobar doce asignaturas de Derecho en cuatro meses. De Aravaca a la cúspide de Génova, Casado es todo él un lapsus.