Punto de Fisión

Cayetana se declara indeseable

El líder del PP, Pablo Casado, y Cayetana Álvarez del Toledo en el Congreso el pasado junio. (EFE)

Publicar un volumen autobiográfico antes de cumplir los cincuenta siempre es una empresa arriesgada, ya que el autor corre el riesgo de que algún lector lo lea. Los libros de memorias suelen escribirse al final del camino, no sólo porque uno contempla en perspectiva el paisaje sino porque sólo en la vejez se dispone de tiempo suficiente como para dedicarse a organizar y valorar el museo fantasmal de la vida. El memorialista prematuro o bien piensa que ya no tiene nada mejor que hacer o bien que ya no le queda mucho margen para hacerlo. Por supuesto, hay excepciones tan brillantes como Confesiones de una máscara, la segunda novela de Mishima, en la que narra el tormentoso descubrimiento de su homosexualidad y su atracción morbosa por las imágenes de tortura, violencia y muerte.

Escrita poco después de cumplir los veinte años, en la novela de Mishima hay un pasaje deslumbrante en el que el protagonista sufre una conmoción erótica al ver una reproducción del San Sebastián de Guido Reni. Años después, el propio Mishima, que se había mazado a fondo en los gimnasios, se fotografió en una pose casi idéntica a la del martirio del santo, prácticamente desnudo y con una flecha de más inserta en el punto del abdomen donde el último día de su vida iba a practicarse el harakiri. Las tres secuencias -el joven mirando la imagen del lienzo de Guido Reni, el escritor jugando a representarlo y el suicida llevando a cabo el ritual del seppuku- apuntalan la hipótesis de que Mishima sabía de sobra que no iba a tener tiempo suficiente para escribir un libro de memorias.

A Cayetana Álvarez de Toledo le ha ocurrido algo similar con su nuevo libro autobiográfico, sólo que en vez de suicidarse ella ha preferido colaborar en el suicidio de su partido. Ha elegido, además, el momento idóneo, con el PP desangrándose en un seppuku fastuoso, lleno de puñaladas y chismorreos, que deja al San Sebastián de Guido Reni a la altura de un alfiletero. El divorcio con la jefatura del partido viene ya de antiguo, al menos desde seis años atrás, cuando Cayetana publicó una carta en la que rehusaba aparecer en las listas si Mariano Rajoy seguía de presidente y Cristóbal Montoro dijo que no entendía cómo había gente del PP que se avergonzaba de ser del PP. Algunos, por motivos exactamente opuestos, opinábamos exactamente lo contrario.

El mayor logro político de la marquesa de Casa Fuerte fue dividir los seis diputados electos del PP en Cataluña por uno, una hazaña aritmética por la que algunos jerarcas de Génova la nombraron marquesa de Casa Tarradellas. Cada vez más escorada hacia la derecha, hacia FAES y hacia el bigote de Aznar, Cayetana encarna el verso suelto de un partido plagado de casos aislados, y a pesar de sus desavenencias con la directiva, Pablo Casado llegó a asegurar que era "la Messi" del PP, una metáfora que se cumplió a rajatabla cuando la destituyeron del cargo de portavoz antes de que Messi abandonara el Barca.

Hay también un paralelismo evidente en el tratamiento de felpudo que le aplicaron a Cayetana y el que le están aplicando a Ayuso: dos San Sebastianas torturadas a mayor gloria de un partido fundamentalmente falocéntrico. En su libro, ambiguamente titulado Políticamente indeseable, Cayetana lanza pullas contra Casado y muy en especial contra su mayordomo, Teodoro García Egea, a quien acusa de abusón y de ejercer un mando cargado de testosterona. En Génova han decidido hacer caso omiso de esta pataleta editorial, aunque más de uno podría decir, al leer lo de Políticamente indeseable, lo mismo que Oscar Wilde cuando una poetisa se le presentó diciendo que era la mujer más fea de Francia: "No sea modesta, querida: del mundo, del mundo". Por lo demás, en el PP están muy tranquilos porque se trata sólo de un libro.