Punto de Fisión

Casado desencadenado

Casado, en A Coruña el pasado viernes. EFE/Cabalar

La guerra fratricida por la jefatura del PP se ha convertido en un concurso de popularidad en el que Casado y Ayuso andan a la greña por ver quién se planta ante el espejo de la madrastra de Blancanieves y le lanza la pregunta clave: "Espejito, espejito, ¿hay alguien más facha que yo?". Desde la pasada semana Casado va cuesta abajo, de culo, sin frenos ni paracaídas y acelerando a tope, una maniobra suicida en la que le está quitando el puesto a Abascal y a Goebbels como se descuide. Puestos a estrellarse, mejor estrellarse por todo lo alto.

Es muy posible que, al presentar sus respetos por el alma de Franco en una misa rociera, Casado haya sido poseído por el espíritu del Caudillo, aunque vistas sus caídas en picado y sus evoluciones acrobáticas cada vez más a la derecha, a lo mejor son Mola o Sanjurjo quienes están a los mandos. En apenas cinco días el incombustible líder del PP ha montado varios pollos gloriosos, tres o cuatro pueblos más allá de sus habituales apelaciones a ETA y a Venezuela. Asegura que hay instrucciones concretas del Govern para que los profesores no dejen ir al baño a los niños que hablen en castellano -lo que le ha valido una querella por calumnias, injurias e incitación al odio por parte de Junts per Catalunya. No contento con un bulo, ha añadido que en las escuelas catalanas se practica la lapidación por bullying y que a los alumnos castellanoparlantes, además, les meten piedras en la mochila (probablemente, para que se vayan transformando en vascos).

Entre el niño de Canet, los ecos del escándalo de las niñas prostituidas en Mallorca, los presuntos abusos al hijo de Juana Rivas y los del ex marido de Mónica Oltra, Casado se ha erigido estos últimos días en Defensor del Menor y ya ni siquiera tiene que agacharse para ponerse a la altura de un bebé chillón: cada vez que abre la boca pierde apoyos en el partido y los rumores internos indican que en Génova están hasta las narices de sus salidas de pata de banco. Mientras la figura de Ayuso va creciendo en popularidad a la chita callando, Casado, grito a grito y bulo a bulo, va mutando en el Increíble Hombre Menguante.

Tal vez por eso el pasado miércoles soltó en el Congreso un "coño" que sonó entre paréntesis, con referencias explícitas al "coño" fluvial que soltó años atrás Pedro Sánchez a la prensa, e implícitas al "coño" imperativo de Tejero, al "coño" de fastidio de Labordeta y al coño de la Bernarda. Fue una expresión sincera de impotencia ante los datos de la recuperación económica y las últimas encuestas del CIS, un jefe de la oposición enrabietado como un niño pequeño, incapaz de hacer oposición con otra cosa que no sean piedras. Lo más penoso es que él se ve a sí mismo como King Kong en lo alto del Empire State Building, derribando avionetas a manotazos, y que en el PP ya no saben qué hacer ante la alternativa de elegir entre susto o muerte. Haber elegido muerte y habríamos acabado antes.