Punto de Fisión

Protocolos Ayuso

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, asiste al acto de toma de posesión de Ángel Asensio como presidente de la Cámara de Comercio de Madrid, este lunes en el Palacio de Santoña en Madrid. EFE/ Fernando Alvarado

Los madrileños estamos la mar de contentos con Ayuso y más que vamos a estarlo este verano, cuando al acudir a un centro de salud nos encontremos con que está cerrado o que no hay ningún médico disponible. Es una de las grandes ventajas de la libertad, cambiar un ambulatorio por una terraza con vistas al Manzanares, de manera que los pacientes que precisen atención médica puedan esperar que venga septiembre tomando unas cañas, mientras las tapas de aspirina y de paracetamol le hacen la competencia al clásico bocata de calamares.

Después de haberse ahorrado más de 400 millones de euros en la partida destinada a la sanidad pública en 2021 -y de haber transferido buena parte de esos fondos a la privada-, resulta que ahora no hay dinero para contratar más galenos. No importa, porque ante el déficit de médicos de familia durante las vacaciones, a las enfermeras y a los administrativos les convalidarán cinco años de carrera al tiempo que los bedeles y el personal de limpieza ascenderán a la categoría de enfermería y primeros auxilios, y así sucesivamente, lo mismo que en la mili cada vez que llegaba un reemplazo de novatos. Gracias a este ingenioso mecanismo de promoción automática, al pobre incauto que aparezca con un brazo roto, una apendicitis, el sintrom descontrolado o una úlcera reventada, se le proporcionará un cubo y un mocho y se le pondrá a fregar suelos.

Este afán por revolucionar la sanidad pública no nos pilla por sorpresa a los madrileños, quienes en los últimos tiempos hemos visto cómo Ayuso recortaba horarios y cerraba las urgencias de atención primaria. La idea de fondo es exactamente la contraria a la de aquel viejo eslogan del ministerio de Sanidad, "no se automedique", tan contraria que en enero de este mismo año Ayuso presentaba un novedoso programa de videoconsultas sanitarias con un enunciado antológico: "El gran hospital de Madrid está en los domicilios de los madrileños". Al igual que el flamante "procedimiento de actuación ante la ausencia del médico de familia en un centro de salud" (que consiste en que la enfermera o el administrativo se haga cargo del paciente por el mismo precio), se trata de un disparate peligrosísimo ante el que cualquiera con dos dedos de frente pensaría que es obra de un auténtico demente. Pero qué va, es una idea de Ayuso.

Como muchos otros grandes pensadores antes que ella, Ayuso dice frases incomprensibles o descabelladas o ridículas que a primera vista no tienen sentido alguno, pero que bien miradas, son verdaderas gilipolleces. Lo de realizar el diagnóstico uno mismo en casa o elevar a un administrativo o a una enfermera al rango de médico suena parecido a aquel epigrama de Nietzsche, "lo que no te mata te hace más fuerte", un mojón filosófico que queda ampliamente desmentido con una neumonía, una ceguera o una parálisis.


A Ayuso y a su Dream Team sanitario les debemos el tristemente célebre protocolo de 2020 que impedía trasladar al hospital a los ancianos de las residencias enfermos de Covid para ahorrar gastos. Lo cierto es que, gracias a esta eutanasia generalizada, la media de edad de la Comunidad de Madrid mejoró muchísimo. Si tienes un ataque cardíaco y no hay un médico a mano, te atiende una enfermera, y si hay que vendar una herida, se llama al bedel y listo. Aunque la solución, para qué vamos a engañarnos, es que te hagas un seguro en la sanidad privada. Está todo pensado y si algo sale mal, se le echa la culpa a Pablo Iglesias.