Punto de Fisión

Moreno Bonilla y las santas inocentes

El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, durante su comparecencia hoy lunes en el Palacio de San Telmo en Sevilla para anunciar el nuevo gobierno que le acompañará durante esta legislatura, en la que tiene mayoría absoluta, lo que le permite formar el primer ejecutivo monocolor del PP en la historia autonómica de la comunidad. EFE/ Raúl Caro

Ayer Andalucía estrenó una nueva era gracias a dos avances históricos incuestionables: la confirmación por el Tribunal Supremo de la sentencia contra Chaves y Griñán por el caso de los ERES andaluces y el descubrimiento de que por fin hay allí mujeres capacitadas para actuar en política. Con la sentencia de los ERES, Andalucía deja atrás doce o trece años de descontrol y malversación de fondos públicos y con la incorporación de siete consejeras en el Gobierno se clausuran definitivamente varias décadas de oscuridad y analfabetismo en lo que respecta a la mitad de la población.

A los andaluces siempre los han tachado de vagos, de juerguistas y de cosas peores, sobre todo por parte de políticos situados más al norte, pero ha tenido que venir un presidente de la Junta de Andalucía -nacido en Barcelona, precisamente- para señalar que las andaluzas, antes de su aterrizaje en el cargo, no sabían hacer la o con un canuto. "Afortunadamente, después de muchas décadas, las mujeres han adquirido capacidad, formación y las posibilidades de poder competir en el ámbito privado o público y hacerlo de una manera destacada y brillante, y eso hace que hoy, a diferencia de años anteriores, podamos disponer de mujeres con una enorme capacitación y experiencia para gestionar los intereses públicos".

Es difícil examinar la cantidad de incongruencias y necedades insertas en ese párrafo, por no hablar del tufo a bragueta rancia que desprende, pero da la impresión de que, gracias a la llegada del PP, la población femenina en Andalucía ha conseguido de repente, por ciencia infusa, un grado de iluminación y preparación inédito en la historia de la comunidad. Por lo visto, antes de Moreno Bonilla, las mujeres que tenían un puesto de responsabilidad en la política andaluza ni estaban capacitadas ni habían estudiado lo suficiente como para desempeñar su trabajo de forma responsable. Susana Díaz, su antecesora en el cargo, debió haberlo conseguido únicamente por exigencias del guion, no como él, que ni siquiera tiene un título universitario porque ya viene dotado genéticamente.

Por un momento, durante su discurso, parecía que Moreno Bonilla iba a repetir la célebre secuencia de Los santos inocentes en la que el señorito le da a Paco el Bajo, a Ceferino y a Régula un bolígrafo y les ordena que escriban sus nombres en un papel para demostrarle al embajador en París cuánto han cambiado las cosas. "Las mujeres también, embajador, que aquí no hacemos distingos". Es cierto que Moreno Bonilla es nieto de jornaleros que emigraron a Cataluña, pero el marchamo de señorito andaluz ya no se lo quita nadie, no tanto por las pintas inequívocas sino por esa ristra de ultrajes gratuitos dedicados a la población femenina andaluza.

Puesto que empezó dos carreras, Psicología y Magisterio, y no fue capaz de terminar ninguna, habrá que ver dónde ha sacado él la capacidad y la formación para optar al puesto de presidente. De llevar pantalones, seguramente. Es lógico que, con semejante relicario en las alforjas, Moreno Bonilla haya decidido eliminar de un plumazo la Consejería de Igualdad, un guiño a sus compadres de Vox que le echaron una mano en la investidura y con los que comparte algo más que un machismo de siglos. Ha intentado dar un discurso feminista y por poco cuenta aquel chiste de que cuando una mujer sale de la cocina es que está haciendo turismo.