Punto de Fisión

Vivir sin trabajar y otras cosas de 'youtuber'

Hace unos días el youtuber Borja Escalona provocó un autolinchamiento virtual después de subir un video en el que se había grabado a sí mismo comiendo tapas en un restaurante gallego y advirtiendo que no iba a pagar la cuenta porque él tiene la sana costumbre de comer de gorra. Cuando la camarera, visiblemente nerviosa, le dijo que por favor abonara la consumición, Escalona replicó que bueno, que pagaba, pero que luego iba a pasar una factura de dos mil quinientos euros por hacer promoción del local. La verdad es que nadie le había pedido a Escalona que hiciera promoción de nada, salvo probablemente él mismo de sí mismo, ya que se trata de un tipo encantado de conocerse, uno de esos perdularios sin oficio ni beneficio a los que un montón de curiosos sigue desde las redes sociales a ver qué nueva gilipollez se le ocurre.

Hace no mucho tiempo, cosa de cinco años, escribía yo que los youtubers ya existían mucho antes de la invención de internet, sólo que entonces se los llamaba "tontos de pueblo". Fui bastante injusto, porque en Youtube hay multitud de canales interesantes donde diversos aficionados o profesionales comparten videos gratuitos sobre cocina, literatura, música, costura, fisioterapia, bricolaje o física cuántica. Yo mismo estoy enganchado a varios youtubers de ajedrez que analizan partidas magistrales de Capablanca o Lasker con una gracia y un sentido del humor únicos: pocas veces me he reído tanto como viendo al gran maestro Pepe Cuenca comentando una partida del mundial entre Carlsen y Kariakin como si fuese un encuentro de fútbol. Son los Caranchoa de la vida, la gente que no tiene nada que ofrecer salvo a sí misma y que se va cortando en lonchas de exhibicionismo, los que dan mala fama a los youtubers.

Está bastante feo participar en un linchamiento viral, pero hay que reconocer que Escalona se lo estaba ganando a pulso, provocación a provocación, video a video y chorrada a chorrada. Antes del incidente gastronómico, era conocido sobre todo por colarse en estadios de fútbol, aunque al menos nunca tuvo la pretensión de que le pagaran por retransmitir el partido. Después el tipo se ha transformado en una especie de agujero negro de odio virtual sobre el que muchedumbres de gente que no tiene nada mejor que hacer le prometen una ración de hostias el primer día que se lo encuentren por la calle y han recordado el video en el que el pobre Escalona retó a una pelea al boxeador Omar Montes, lo acusó de cobardica y se llevó puñetazos de todos los colores. Hay otro video en donde aparece colándose en el metro, vacilando al empleado. Es probable que Escalona piense que tiene una vis cómica irresistible, el problema es que sólo la ve él.

Lo de vivir sin trabajar es algo que sólo pueden permitirse gentes muy influyentes, como los monarcas y su familia, los niños de papá, Toni Cantó, el vicepresidente de Castilla-León o los hermanos Matamoros. Escalona pretendía ir por la vida al estilo de Henry Miller en París, un gorrón profesional que cada día de la semana comía y cenaba en casa de unos amigos distintos, con lo que necesitaba catorce proveedores como mínimo. Lo que ocurre es que Henry Miller podía ejercer de gorrón porque era un tipo brillante que al menos tenía conversación, erudición y una cultura impresionante, mientras que a Escalona lo único que le brilla es la calva y lo que tiene mayormente es una pedrada.