Punto de Fisión

Liz Truss, destino de lechuga

La primera ministra de Gran Bretaña, Liz Truss, regresa al número 10 de Downing Street, en el centro de Londres, el 20 de octubre de 2022 luego de una declaración para anunciar su renuncia.- Daniel LEAL / AFP

Uno puede pensar lo que quiera de Boris Johnson, excepto que no sea un tipo con suerte. Tuvo el instinto de abandonar el cargo en verano, como si se tomara unas vacaciones (o mejor, como si los británicos se tomaran unas vacaciones de Boris), para dejar a su sucesora una papeleta tan complicada que a lo mejor tienen que llamarlo de vuelta para que se encargue de recoger los platos rotos. Parecía imposible que, con el país al borde del desastre financiero y tras la ristra de dimisiones en cadena que acumuló Boris, Liz Truss pudiera empeorar la situación todavía más, pero lo ha conseguido en apenas mes y medio. Ella misma se veía como la nueva Margaret Thatcher, aunque los más optimistas entre los analistas británicos hacían apuestas para ver si duraba lo mismo que la esposa más breve de Enrique VIII. "Soy una luchadora, no una desertora", dijo el miércoles, sólo un día antes de saltar por la borda.

Puede ser cabezonería, mala suerte o simple neoliberalismo aplicado, pero lo cierto es que Truss se fue ganando a pulso una antipatía unánime que iba desde las barriadas más pobres de Liverpool hasta los apartamentos de lujo de la City, una oposición sistemática que incluye a laboristas, conservadores y bedeles. El plan de rebaja fiscal indiscriminada a las grandes fortunas (una auténtica imbecilidad, muy similar al propuesto por el PP y sus asesores) puso a la economía británica de proa a la bancarrota mientras las sucesivas chapuzas y dimisiones de ministros y colaboradores la dejaban más sola que la una. Fue entonces cuando se me ocurrió mirar el diccionario para ver qué significa truss en inglés y descubrí que quiere decir "braguero".

Hay gente que triunfa en el momento equivocado, eso está claro. Liz Truss se pasó toda la vida esperando la ocasión de probarse el disfraz de Primera Ministra y por poco la echan del país, por gafe. Tomar posesión del cargo y morirse la reina Isabel fue casi instantáneo, una monarca que parecía invulnerable y a la que no paraban de dar disgustos entre unos y otros. Tres jefes de gobierno destituidos en seis años (ya son cuatro), un interminable tira y afloja para cortar los lazos con Europa, el gobierno como pollo sin cabeza y una crisis económica galopante certificaron que el brexit había sido todo un éxito.

El Daily Star, un tabloide de derechas centenario, hizo una apuesta hace una semana con una retransmisión en vivo en la que aseguraban que una lechuga de tipo iceberg duraría más tiempo que Liz Truss en el cargo. No se han equivocado. La paradoja es que han conseguido separarse de Europa y, al mismo tiempo, han conseguido que Gran Bretaña sea una versión mejorada de Italia, con gobiernos inestables que duran únicamente unos meses y puñaladas traperas en los pasillos del parlamento. Si, como dijo el cerebro de la operación quirúrgica del brexit, Dominic Cummings, se trataba de "llenar todo de mierda", de momento la mierda les rebosa por los acantilados de Dover. Es normal que celebraran un funeral de estado de una semana y pico, porque además de a una reina estaban enterrando una época. Los ingleses siempre han sido de reírse mucho de sí mismos, pero ahora las risas están aseguradas.