Paralelismos y diferencias con Irlanda

JOSÉ MANUEL NAREDO

Se ha hablado mucho del abismo que separa la situación más crítica de la economía irlandesa respecto a la española, pero poco de los paralelismos y flaquezas de la economía española, que son los que más nos deberían preocupar para corregirlos. Se subraya el deterioro mucho más rápido y acusado de las cuentas públicas irlandesas con relación a las españolas. En efecto, el déficit presupuestario de Irlanda alcanzó el 32% del PIB en 2010, (frente al 9% en España) y la deuda pública el 70% del PIB (frente al 57% en España). También se destaca la aún más grave situación actual de la banca irlandesa, que acabó aflorando pese a haber superado
–al igual que los bancos, ya que no las cajas, españoles– los tests de solvencia de la UE. La doble crisis de las finanzas de la banca y del Estado irlandés es la que ha motivado los planes de salvamento de ambos, recientemente comentados en la prensa.

Entre las diferencias que juegan en contra de la economía española se encuentra la tasa de paro del 20% frente a la irlandesa del 14%, y unos niveles salariales y de prestaciones sociales que casi llegan a duplicar en Irlanda a los de España. Pues la criticada prodigalidad del Estado irlandés no sólo consistió en rebajar impuestos a las empresas… y en garantizar el 100% de los depósitos bancarios, sino también en establecer un salario mínimo que ha venido doblando al español y un gasto social per cápita muy superior al que ofrece nuestro precario Estado del bienestar. Pero, al parecer, no es una noticia preocupante que la población española esté más necesitada que la irlandesa y que a nadie se le ocurra salvarla.

Entre los paralelismos destaca que los dos países acusan la resaca de un mismo modelo de desarrollo insostenible gobernado por sendas burbujas inmobiliarias que se han dejado ir irresponsablemente hasta el estallido final. En los dos países el mismo triángulo fuertemente cohesionado de elites financieras, inmobiliarias y políticas es el responsable. En ambos casos la banca concentró excesivos riesgos en el ladrillo con el consentimiento de los reguladores financieros y de los políticos gobernantes. En ambos casos se impuso un bipartidismo complaciente con el modelo inmobiliario-financiero causante de la crisis, que se empeña ahora en desviar la atención y las responsabilidades hacia los salarios y las pensiones, para recortarlos de acuerdo con la patronal.

José Manuel Naredo es economista y estadístico