Gracias, Wiki(pedia)

21 Ene 2011
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PERE VILANOVA

Con esto de las nuevas tecnologías, el tiempo se comprime y se alarga de un modo tan espectacular como relativo, es aquella cita de Einstein a la que todos recurrimos sin tener ni idea de cómo explicarla bien. Y viene esto a cuento de que Wikipedia acaba de cumplir diez años, que parece poco y sin embargo da la sensación de que ha ocupado la mitad de nuestras vidas (hablo en nombre de los que tenemos muchos años). Tengo en casa un fax, medio arrinconado, al que a veces contemplo con una mezcla de pena y añoranza. Vi el primero hace unos 20 años y ahora lo uso tres veces al año: tiene telarañas. Otro producto fugaz: los CD. Miren las tiendas de discos, quedan poquísimas, y ese producto ha durado tan poco como el fax. En comparación, los carretes de fotos 24×36, diapositivas o en papel han durado más de medio siglo, pero están en tiempo de descuento.

Y llegó Wikipedia. En nuestros ambientes académicos ha estado de moda despreciar ese instrumento (entre profesores e investigadores) mientras que muchos alumnos han tendido a abusar de él, como es lógico en ese juego de rol entre unos y otros. Poco a poco caí en la cuenta de que Wikipedia importa y mucho, pero no daba con la manera correcta de explicar(me) por qué. Hasta que, preguntado por varios amigos de perfil profesional tan diverso como médicos, arquitectos, etc., aprendí a decirles: “Mira, para ver si te puedes fiar de Wikipedia, busca en ella algún tema en el que tú seas profesionalmente competente, y así verás si puedes fiarte cuando busques informaciones en temas que desconozcas”. Prueben con temas como “norte magnético”, “resistencia de materiales”, “Constitución de Estados Unidos” o, por curiosidad mía, “teoría de números”, “números primos” o, ya para nota, “el teorema de Fermat”. En tiempo de crisis tenemos buenas noticias: Wikipedia es mejorable, pero ya es buena y está mejorando; es desigual (en inglés es mejor que en francés, pero se edita en más de 200 lenguas); es gratuita, y además participativa, desde el anonimato, pero autocontrolada (en calidad y objetividad) y muy autoexigente. Y sobre todo, democrática y muy filantrópica. Como escribió hace pocos días (con mucho talento) Timothy Garton Ash, si su principal arquitecto Jimmy Wales hubiera decidido comercializar el invento, ahora sería multimillonario y estaría en bolsa. Pero de momento no se le espera en Hollywood.

Pere Vilanova es catedrático de Ciencia Política