Del consejo editorial

Homenaje a las astrónomas

CARMEN MAGALLÓN

Todavía hoy es mayoritaria la creencia de que no ha habido científicas en la Historia. En general, cuando se pregunta a estudiantes de distintos niveles cuántas mujeres de ciencia del pasado conocen, la respuesta puede anticiparse: saben que existió madame Curie. Desde luego, la falta no es suya.

Cuando se cumplen 400 años desde que Galileo apuntara al cielo por primera vez con su telescopio –motivo por el que 2009 ha sido declarado por la UNESCO Año Internacional de la Astronomía– y coincidiendo con la reciente celebración del Día Internacional de la Mujer, quiero dar espacio, reconocer y celebrar a las astrónomas del pasado.
Hipatia de Alejandría (siglos IV-V), Fátima de Madrid (siglos X-XI) y María Winkelman Kirch
(1670-1720) encabezan los tres primeros meses del calendario Astrónomas que hicieron historia, elaborado por un equipo de trabajo de la Universidad de Barcelona y que forma parte del proyecto Ella es una astrónoma, impulsado por la Unión Astronómica Internacional en esta efeméride. Este proyecto quiere contribuir a la promoción de la igualdad entre hombres y mujeres, apoyando la formación de jóvenes investigadoras y tecnólogas y su entrada en la Astronomía profesional, donde, dicen, la proporción de mujeres en proyectos financiados en España es del 26%, porcentaje que se reduce a un 10% en la Astronomía de afición.

Quienes quieran conocer a las astrónomas más destacadas pueden descargarse de Internet el calendario mencionado y mirar los meses que restan hasta acabar el año. Además de recuperar a las sobresalientes, no hay que olvidar tampoco las contribuciones de las mujeres como grupo a este campo y criticar las valoraciones sexistas que todavía se hacen, quitando valor a su trabajo. En la Astronomía siempre abundaron las mujeres y, puesto que tenían prohibido el acceso a las universidades, sin duda, el hecho de que los telescopios estuvieran en las casas favoreció que ellas pudieran usarlos.
Para evaluar las aportaciones de las mujeres a la ciencia a lo largo de la Historia, hay que conocer cuándo y en qué contexto pudieron incorporarse a las instituciones científicas: universidades, academias, sociedades especializadas y otros foros. Su presencia ha de ser reevaluada aplicando un coeficiente multiplicador que tenga en cuenta cómo tuvieron que luchar contra poderosos estereotipos y derribar muchas prohibiciones para realizar sus contribuciones. ¿Hay que recordar que la universidad española sólo en 1910 se abrió a las mujeres en condiciones de igualdad?

Pese a todo, el deseo de saber de muchas de ellas fue tan grande que en todas las épocas hubo mujeres, destacadas y anónimas, que contribuyeron a la construcción de la ciencia, a menudo desde espacios propios.
En la cultura científica que ha de formar parte de la escolarización ciudadana, necesaria para comprender el mundo actual y participar en el debate democrático sobre el desarrollo científico-técnico, han de tener cabida sus protagonistas, hombres y mujeres. En esa cultura, la historia de la ciencia es fundamental. Necesitamos una ciencia encarnada en historias de vida, una ciencia con rostro humano en la que no falten las contribuciones de las mujeres. Esto la hará más completa y más real. También más atractiva. Muchas jóvenes descubrirán que tener pasado es tener futuro.

Carmen Magallón es Doctora en Físicas y directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz