Una mala noticia sobre la inmigración

 ANTONIO IZQUIERDO

La mala noticia que hoy cumple analizar es que ha menguado la llegada de familiares de inmigrantes. Empezaremos por examinar la calidad y fiabilidad del dato y, después, reflexionaremos sobre las causas y las repercusiones en la integración. La idea de fondo es que, precisamente ahora, hay que favorecer que vengan las familias de los solicitantes que reúnan los requisitos.

En tiempos de crisis económica, parece que todo lo que sea reducir cualquier flujo de inmigrantes es bueno, sin pararse a pensar más en ello. Con mucho respeto por las opiniones contrarias, considero que, en este momento, la política inmigratoria no debería recortar el flujo de reagrupamiento familiar, sino enarbolar el principio de la preferencia por la instalación de sus miembros. La migración familiar como derecho y prioridad.
Lo primero que conviene aclarar es si la disminución de familiares es fiable y cuáles son las causas. Porque los datos de reagrupación familiar están esparcidos por varios registros ministeriales y, hasta ahora, eran de dudosa calidad y de escasa profundidad. La pregunta es si la reducción se debe a un aumento de las denegaciones o a una rebaja de las solicitudes, amén de especificar si lo que ha perdido fuerza ha sido el reagrupamiento de menores, cónyuges o ascendientes. Es vital saber quién no viene y por qué.
Los datos recabados por la Asociación de Solidaridad con los Trabajadores Inmigrantes y por el Centre d’Estudis Demogràfics muestran que entre los reagrupados dominan los menores (63 por ciento) y los cónyuges (33 por ciento), mientras que la proporción de ascendientes no llega al 3 por ciento. Cada reagrupador no atrae a más de dos familiares y, salvo excepciones, no se producen reagrupaciones en cadena. Si es así, las reagrupaciones se circunscriben al núcleo familiar y a su sostenimiento.

Las denegaciones afectan más a los ascendientes que aún están en edad activa y a los hijos que están próximos a la edad de trabajar. Esta discriminación por edad es grave y va a impulsar las
reagrupaciones informales de hecho, al tiempo que desestabiliza la socialización de los hijos y su resultado escolar.
También hay que esclarecer los motivos por los cuales existe una diferencia notable según provincias entre solicitudes, concesiones y los reagrupamientos que efectivamente se llevan a cabo. Es necesario fijar cuáles son los medios de subsistencia, la vivienda adecuada y el grado de dependencia económica de los reagrupables para que las concesiones no se den a discreción.

Hay buenas razones sociales, políticas y económicas para defender la preferencia familiar. Los familiares en edad activa son trabajadores complementarios en el hogar y en el mercado. Además, la instalación de familias responde a dos necesidades de fondo, a saber: el vacío demográfico y la incorporación de las mujeres españolas al mercado de trabajo. A lo que cabe añadir que el inmigrante solitario es más vulnerable y con la vejez aumentará su dependencia de los servicios de bienestar.

Pero, sobre todo con la preferencia familiar, apostamos porque el millón de menores de hoy participe en una democracia que les necesita y en un país que sea el suyo.

Antonio izquierdo es Catedrático de Sociología