Del consejo editorial

Cuidado con el terrorismo

RAMÓN COTARELO

El deterioro de la vida política española es palpable. Hay una agresividad verbal permanente sobre todo en la derecha, sus medios y sus políticos más prominentes que no permite una convivencia cívica. Es un bajo nivel que explica que la gente considere que los políticos son un problema. No es posible llamar "tontitos" a los discapacitados ni "fascista" al presidente del Congreso; no es admisible. Quien no sea capaz de respetar a los demás no debe ostentar cargo público alguno.
Este clima de crispación posibilita traspasar barreras y lindes que van más allá de la educación y el buen gusto para entrar de lleno en la defensa de la democracia y la seguridad colectiva. Ello en la medida en que el enfrentamiento se traslada al terreno de interés general de la lucha contra el terrorismo. Se entiende que la lucha antiterrorista descansa sobre la unidad sin fisuras de todas las fuerzas democráticas que renuncian a hacer política partidista con esa lucha y respetan el principio de que la iniciativa corresponde al Gobierno.
Pero esto no parece rezar con el PP. Su uso del caso Faisán es una ruptura de la unidad antiterrorista. Es obvio que si el PP piensa que se ha cometido un delito debe acudir a los tribunales; y en los tribunales está el caso. Que los jueces decidan con independencia. Lo disparatado es valerse del asunto todos los días en sede parlamentaria como arma arrojadiza porque eso es interferir en la acción de la Justicia por mezquinos intereses de partido.

Y no es de ahora; no es un exabrupto movido por la indignación momentánea. Mayor Oreja lleva años acusando al Gobierno de connivencia con ETA. Y nadie lo desautoriza en su partido. Al contrario. Sin embargo mantener el pacto antiterrorista y acusar sistemáticamente al Gobierno de romperlo proyecta una imagen de desconfianza y desunión que beneficia a los terroristas, humilla a las víctimas y desampara la sociedad.
Así hemos llegado a la situación de que el ministro del Interior, acosado parlamentariamente, tenga que dar excesivas explicaciones sobre acciones de su Ministerio. Tratar de desgastar al Gobierno y alimentar el encono y el enfrentamiento a cuenta de la política antiterrorista hace pensar que no se quiere el fin del terrorismo porque el Gobierno no se apunte la baza. A la vista de los hechos, lo que urge saber es qué pretende cada cual exactamente.

Ramón Cotarelo es catedrático de Ciencia Política