Del consejo editorial

Innovación y economía sostenible

MIGUEL ÁNGEL QUINTANILLA

Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia

La Ley de Economía Sostenible apuesta por una economía basada en la innovación. Pero ¿qué significa esto? En el contexto económico y productivo, innovación no se debe entender como sinónimo de novedad. Toda innovación productiva es una novedad, pero no toda novedad es una innovación productiva. En primer lugar, hay novedades en el mundo económico (la mayor parte de los "inventos financieros" que nos han llevado a la ruina) que no tienen nada que ver con la economía productiva. En segundo lugar, una economía podría incorporar muchas innovaciones sin generar ninguna endógenamente. Este tampoco sería un buen modelo para una economía sostenible porque estaría basada en la innovación "de otros". Por último, las innovaciones productivas pueden tener diferentes grados de innovación, desde las que se basan en conocimientos triviales oportunamente aprovechados, hasta las que aplican los conocimientos científicos más avanzados para resolver, de forma original, problemas radicalmente nuevos y abrir así mercados inexplorados a nivel mundial. Pues bien, el modelo ideal de una economía basada en la innovación es aquel en el que las innovaciones de este último tipo (innovaciones científico-técnicas radicales y de alcance global) desempeñan un papel preponderante.

Llevan razón los que ponen el énfasis en la importancia de la educación para la economía del conocimiento y de la innovación. Pero se quedan cortos. Para potenciar una economía basada en la innovación no sólo se necesita una población bien formada y un cierto nivel de desarrollo científico y tecnológico. Se necesita algo más: un tipo de educación determinado y un tipo de cultura productiva y cívica específica.
En cuanto a la educación, se requiere primar la formación científica y tecnológica, pero también incorporar una visión práctica de la cultura científica y una visión apropiable de la tecnología como objeto de nuestra responsabilidad, no sólo de nuestra capacidad de consumo. Y en cuanto a la cultura cívica, la economía basada en la innovación requiere que se incorporen a la cultura general valores como el gusto por el trabajo bien hecho, por la cooperación y la competitividad, la capacidad para asumir riesgos razonables, la creatividad, la utilidad y la eficiencia.
Si queremos en España entrar de lleno en una economía basada en la innovación, debemos ser conscientes de que lo que nos proponemos es hacer una revolución.

Más Noticias