La revolución árabe y la ceguera de los ‘expertos’

LUIS MATÍAS LÓPEZ

Cuántos gurús se percataron en 2006 de que se gestaba la peor crisis económica desde el crash de 1929? ¿Qué politólogos interpretaron en los ochenta las señales de la caída del muro de Berlín y la explosión de la URSS? ¿Cuántos vaticinaron que Yugoslavia, con tanta sangre por medio, se rompería en siete? ¿Cuántos previeron una semana antes la revuelta contra los tiranos árabes? ¿Qué líderes mundiales se distanciaron de sus amigos autócratas para que no les pillase este cambio histórico con el pie cambiado? Muchas preguntas, pero sólo una respuesta: casi ninguno.

Una pléyade de expertos explica causas y efectos de lo que no supieron predecir, y aconsejan sobre el rumbo a tomar para que el cambio no acabe en desastre, para que traiga bienestar, trabajo, libertad y justicia sin que peligre la estabilidad en una región vital para el suministro de crudo y la frágil recuperación de la economía mundial.
Se establecen paralelismos con 1789, 1848 y 1917; con la caída de los espadones de Chile o Argentina; con las transiciones democráticas en Portugal o España y con las revoluciones de colores que marcaron el fin de la Guerra Fría. Se especula con el futuro de Libia: una derrota rápida de Gadafi, una intervención internacional, una larga y sangrienta guerra civil, la emergencia a las puertas de Europa de un Estado fallido como Somalia… Y se discute sobre la próxima ficha del dominó en caer (¿Yemen, Bahrein, Marruecos, Argelia, Arabia Saudí?), el peso de los islamistas, el papel presente y futuro de Al Qaeda, el atractivo de los modelos iraní o turco, y si el contagio llegará tan cerca como Irán o tan lejos como China.

Tanto análisis oculta el desconcierto ante la rabia de unos pueblos sin tradición democrática tachados de incapaces de luchar por su libertad. La revolución ha pillado por sorpresa a quienes hoy pontifican y dicen que era inevitable, y que elucubran sobre su impacto en la madre de todos los conflictos, el palestino-israelí. Admitámoslo: no tenemos ni idea del resultado final de este acelerón histórico. Esta crisis agudiza la incertidumbre y, quién sabe, podría alterar el axioma de que el siglo XXI estará marcado por la pugna entre China y Estados Unidos por la hegemonía mundial.

Luis Matías López es periodista