Del consejo editorial

Energía, el gran debate pendiente

CARME MIRALLES-GUASCH

Profesora de Geografía Urbana

Uno de los grandes debates actuales a nivel global es el energético y España no debería estar ausente. Es un debate complejo, pues intervienen muchos actores y la información es a menudo insuficiente o tendenciosa. Sin embargo, una de las ideas que cada vez tiene más consenso es que el PIB no puede seguir creciendo en la medida en que lo hace el gasto energético. O bien se desacoplan estas dos variables y se logra crecer sin incrementar los consumos, o bien se apuesta por el decrecimiento. Una opción que cada vez tiene más eco, pues todas las medidas hasta ahora implementadas para seguir creciendo sin aumentar la energía han tenido un éxito reducido.

Este debate se ubica en dos planos. Por un lado, las fuentes energéticas y, según se apueste por unas o por otras, los modelos energéticos que cada país tiene que armar, donde influyen los recursos propios, la posición geoestratégica y la intensidad de los grupos de presión del sector. Por otro lado, un consumo con incrementos imparables, que pocas veces se relaciona con fuentes de energía finitas o difíciles de implantar. En este sentido, el pasado miércoles el ministro de Fomento anunció un plan de ahorro y eficiencia energética y reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Un plan centrado en dos ámbitos: los transportes y la ciudad, que juntos consumen casi el 50% de la energía en España. Es un plan muy detallado que cifra en 11.500 millones de euros el ahorro y en 36 millones de toneladas la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Parece acertado contabilizar el ahorro en unidades monetarias y a la vez medioambientales.
Sin embargo, el plan tiene algunas carencias, pues se habla de intermodalidad y de incrementos notables de pasajeros en transporte ferroviario de cercanías, pero no contabiliza su disminución en otros modos viarios más contaminantes y con elevados consumos energéticos. Tampoco ahonda en la interrelación entre los distintos usos de los transportes mecánicos y las tipologías urbanas.
El debate energético es apremiante y se debe hacer desde tipologías de oferta existentes, con sus pros y sus contras sobre la mesa y desde la racionalización de la demanda.