Del consejo editorial

Peor que hace un año

JUAN FRANCISCO MARTÍN SECO

Economista

El pasado 6 de mayo, los ministros de Economía de los principales países de la eurozona celebraron una reunión cuasi secreta en Luxemburgo para plantearse el problema de Grecia. El cónclave tuvo lugar aproximadamente un año después de aquel otro Consejo borrascoso en el que se decidió el rescate del Estado helénico y el Gobierno de nuestro país se comprometió a realizar un ajuste tanto o más duro que el que más tarde se ha ido imponiendo a los países rescatados. Cosa curiosa, porque no era precisamente España la que estaba en aquel momento en el ojo del huracán, al menos en mayor proporción que otros muchos países, ni era suyo el problema de Grecia, sino de Alemania y Francia y, en menor medida, del Reino Unido, Portugal, Irlanda, Estados Unidos y Holanda, estados todos cuyos bancos tenían y tienen exposición a la deuda griega. He aquí, pues, cómo nuestro Gobierno, quizá por impericia, se convirtió en el pagano de una fiesta que no era la suya sometiéndose a los dictados de Alemania, cuando era esta la más interesada en salvar a Grecia.

Un año después se hacen patentes los errores cometidos a lo largo de estos meses. La política impuesta por Alemania ha resultado un estrepitoso fracaso, y nos encontramos justamente donde hace un año, planteándonos la reestructuración de la deuda de Grecia, e incluso su salida del euro. El primer ministro griego, Giorgos Papandreu, pidió el otro día desde la isla griega de Meganisis que se deje a Grecia en paz. Lo cierto es que eso es lo que debiera haber pensado el gobierno griego y los de otros muchos países antes de su ingreso en la Unión Monetaria. Hoy se empiezan a reconocer, hasta por sus máximos defensores, los grandes errores sobre los que se ha construido la eurozona. Pero a estos hay que añadir que la gestión que de ella se está haciendo, bajo los auspicios de Alemania y del Banco Central Europeo, está impidiendo cualquier solución. En menos de un año, el euro se ha revalorizado con respecto al dólar más de un 20%, lo que resulta suicida para los países más débiles de la eurozona y que, junto con los duros ajustes a los que están siendo sometidos, les cierra toda salida