Del consejo editorial

Bachillerato elitista

JORGE CALERO

Catedrático de Economía Aplicada

Vote por nuestro partido, y sus hijos, al llegar al Bachillerato, compartirán aulas con los peores alumnos; los mejores estarán en centros privados o los habremos llevado a aulas selectas a las que sus hijos no tendrán acceso. Vote por nuestro partido y le garantizamos que, de este modo, sus resultados educativos serán pobres, dado que interactuarán sólo con otros estudiantes mediocres y los profesores ya les habrán etiquetado como estudiantes mediocres. Convenientemente descodificadas, estas son las propuestas electorales que recibe del Partido Popular el votante mediano de la Comunidad de Madrid. El votante mediano no disfrutará de los grupos "selectos" de Bachillerato, sino que sus hijos se verán perjudicados por su existencia.
Lo que ocurre, desde luego, es que el votante medio no vota en función de los efectos reales de las políticas, sino en función de la ideología que las envuelve. Y la ideología que envuelve esta propuesta es muy potente y muy distorsionadora: cualquiera puede alcanzar los mejores resultados en el sistema educativo y, en general, en la vida, si realiza suficiente esfuerzo. Según esta ideología, a los electores les conviene defender los intereses de los "selectos" porque, con suficiente esfuerzo, sus hijos pueden ser los selectos. La realidad, sin embargo, es tozuda, como ha quedado demostrado por diversos estudios de la OCDE basados en el Informe PISA: las políticas educativas que favorecen la segregación son beneficiosas para unos pocos mientras que el resto no se mantiene igual, sino que empeora debido al denominado proceso de "descreme" (desplazamiento de los compañeros con mejor rendimiento). Con esta política, en concreto, el sector público queda abducido y pasa a actuar, sin diferenciarse del sector privado, como elemento generador de desigualdades.
La formulación como gancho electoral de una propuesta como la que comento es un paso adelante significativo en la desinhibición del Partido Popular a la hora de proponer políticas educativas. Es un paso basado en el convencimiento de que su ideología es suficientemente hegemónica como para que los electores voten mayoritariamente en contra de sus intereses reales también en el campo de la educación.