Del consejo editorial

Zaragoza elogia la calle

CARME MIRALLES-GUASCH

Profesora de Geografía Urbana

Las grandes ciudades españolas están celebrando o celebrarán el centenario de sus grandes vías. Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, Sevilla, entre otras, reformularon a principios del siglo XX su centro histórico con la creación de una calle amplia, burguesa, con edificios monumentales que ayudaran a crear espacios urbanos modernos. Con el tiempo se convertirían en calles ejemplares, pues reunirían todas las características que Allan Jacobs (1993) atribuye a las mejores calles de las ciudades: son cómodas para caminar, divertidas y seguras, son calles para peatones y conductores a la vez.
Esto es lo que una magnífica exposición relata en Zaragoza: La Gran Vía de Zaragoza y otras grandes vías, en el Paraninfo de la Universidad. En ella se explica la génesis y el desarrollo de las grandes vías en las ciudades españolas y especialmente en la de Zaragoza, y el papel que han jugado en las respectivas configuraciones urbanas durante todo el siglo XX. Pero esta exposición va más allá, en la medida en que quiere elogiar a la calle a través de la comprensión de lo que estas fueron hace un siglo. Un elogio que es también una reivindicación de la calle tradicional, donde se puede ir andando y en transporte mecánico, un lugar de encuentro y de paseo y el marco perfecto para acoger manifestaciones de toda índole, como sucede estos días en la Puerta del Sol de Madrid y en otras muchas plazas de todo el país. Calles que también son una muestra de la ciudad europea, de su cultura y su tradición. Con edificios magníficos que pueden utilizarse como viviendas o como despachos, donde los comercios se encuentran cómodos y los ciudadanos forman parte del paisaje urbano. Un paisaje que algunas ciudades están olvidando, especialmente en sus periferias, en la medida en que apuestan por soluciones foráneas que no tienen al ciudadano como medida urbana básica.
La reflexión en la que nos adentra la exposición de Zaragoza es fundamental para el futuro de nuestras ciudades, para explorar soluciones que propicien espacios más vivibles y más sensibles a los retos que supone hoy el medio ambiente urbano. Mirar al pasado para entender el presente y poder pensar el futuro. Las ciudades necesitan relato para poder comprenderlas, incluso para poder vivir en ellas. Un pedazo de nuestros relatos colectivos urbanos está en esta exposición.