Voluntad política y pobreza

CARMEN MAGALLÓN

Directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz

Quien haya visitado recientemente Brasil y hubiera estado allí hace una década se dará cuenta de cómo ha cambiado el país en estos años. Es cierto que las desigualdades continúan, pero también lo es que la voluntad política del expresidente Lula da Silva, puesta en acción en el programa Bolsa Familia, ha logrado sacar de la pobreza a más de 20 millones de personas. Ahora, la nueva presidenta, Dilma Rousseff, acaba de decir que no sólo va a continuar en esta línea sino que quiere ampliar y mejorar el programa para lograr una meta más ambiciosa: erradicar la pobreza extrema en 2014. Para ello, ha dicho, el Estado no esperará a que los pobres –todavía 16 millones viven con menos de 30 euros al mes en aquel país– llamen a su puerta, sino que irá a buscarlos allá donde se encuentren para proporcionarles el acceso a una vida digna.
Sin entrar a valorar el resto de sus actuaciones, ambos presidentes son ejemplo de la importancia que tiene la voluntad política para cambiar la realidad. En el núcleo de la acción política está la voluntad, la intención o resolución de hacer algo para incidir en la vida común e individual, siendo la materialidad y finitud de los recursos los únicos límites reales. El resto de imposibles que se aducen para la inacción derivan de una estructura de poder, hoy globalizada, susceptible de cambiarse.
La voluntad está relacionada con la libertad, con la libre determinación. Cuando las estructuras, económicas, financieras o de poder, impiden el ejercicio de la voluntad política para el cambio de las condiciones desfavorables de vida de la ciudadanía, se le hurta a la política su mejor potencial: la voluntad política constituye un ámbito de libertad irrenunciable. Por eso una primera rebelión es afirmarla, negando que la desigualdad, la pobreza y los sacrificios para los más pobres sean inevitables.
Los líderes seguramente son
rehenes de los poderes mejor colocados en el juego de mecanismos neoliberales globalizados, pero ante la pobreza tienen todavía un gran margen de actuación. Por eso el ejemplo de Brasil es reconfortante. Porque siempre fue rico en recursos. Pero sólo en los últimos años eligieron gobernantes con voluntad política a favor de los más pobres.