Interpretar un referéndum

ALFONSO EGEA DE HARO

Profesor de Ciencia Política

Hacía 16 años que no se alcanzaba el quórum en un referéndum celebrado en Italia. Y ello a pesar de ser un Estado acostumbrado a este tipo de consulta popular y a que estuvieran en discusión asuntos tan relevantes como la reforma de la Ley Electoral.
El que hayan votado más del 57% de los 47 millones de electores italianos tiene varias lecturas. La inmediata es el nuevo varapalo que sufre Berlusconi, ahora contra las cuerdas y a expensas de la postura que mantenga su principal socio de Gobierno, la Liga Norte, en su reunión anual del próximo 19 de junio. Otra lectura es que la alta participación (más de 26 millones de ciudadanos) contradice la supuesta desafección política. Y ello, a pesar de que los impulsores de la consulta fueran partidos no mayoritarios y movimientos o asociaciones frecuentemente cuestionados por su escasa organización, coherencia y capacidad de movilización.
Y es que hay algo más aparte del castigo al excesivo personalismo del primer ministro italiano. Incluso, de las cuatro consultas celebradas, aquella referida directamente a Berlusconi (la posibilidad de alegar empeños de Gobierno para no acudir a los procesos criminales abiertos) registró una ligera menor participación que las consultas relativas a la energía nuclear o la privatización de servicios básicos como el suministro del agua. Esta última fue la que recibió más votos en contra. Y, como si se tratara de unas elecciones, la ciudadanía salió a la calle después de conocerse los resultados. Pero era una celebración distinta, porque reunía a ciudadanos con diferente signo político y no a electores de uno u otro partido. De otra manera es difícil explicar cómo hasta un 95% de esos 26 millones de votantes coincidiera en el voto (el mejor resultado reciente de la coalición de fuerzas de centro izquierda se quedó en 19 millones de votantes en 2006, y con una participación de más del 80%).
Esta consulta ha revelado cómo la mayoría parlamentaria no siempre representa a la mayoría de la ciudadanía. También ha puesto de manifiesto la miopía de interpretar los resultados de una votación exclusivamente en clave partidista y la necesidad, quizás, de revisar cuáles son las razones de la desafección política en el contexto actual.