Desmantelamiento también para las clases medias

JORGE CALERO

Catedrático de Economía Aplicada

Tras más de 30 años de ataques ideológicos constantes contra el Estado del bienestar, parece que la fruta está un poco más madura y que esta crisis económica va a aprovecharse para recortar sustancialmente elementos de la protección social proporcionados por el sector público. Estos recortes (si subimos un peldaño podremos hablar de desmantelamiento parcial) se interpretan como un ataque contra la clase trabajadora. En buena medida, esa interpretación es correcta, en tanto que cada reducción en el gasto social supone una reducción
en el salario indirecto que reciben los trabajadores y, por tanto, una nueva vuelta de tuerca en la redistribución en contra del trabajo y a favor del capital.

Sin embargo, el efecto de los recortes en el Estado del bienestar va más allá de una confrontación de clases. A medida que se fue desarrollando, amplias zonas del Estado del bienestar fueron “capturadas” por las clases medias. Pensemos, por ejemplo, en la educación superior o la sanidad pública en el caso de enfermedades graves (y de tratamiento costoso). En la actualidad, el Estado del bienestar es más bien un complejo sistema de transferencias que no se dirigen hacia la clase trabajadora sino, a menudo de modo algo arbitrario, hacia una diversidad de colectivos. El conjunto de la sociedad ha interiorizado las prestaciones de ese sistema como derechos de ciudadanía, con independencia del origen social o el nivel de renta de quien las recibe.

La exaltación ideológica de las ventajas de los mercados que ha tenido lugar desde la década de los ochenta hizo suponer a amplias capas de las clases medias que podían encontrar suficiente protección fuera del sistema público, en la educación, la sanidad y las pensiones privadas. Pero en el contexto de la crisis económica actual y de los drásticos descensos de rentas que afectan a muchos hogares, esa suposición es, a menudo, poco real. Los ataques al Estado del bienestar van a afectar (están ya afectando) a la calidad de vida y a las posibilidades de hogares de clase media. La ideología les aleja de la clase trabajadora; sin embargo, sus intereses con respecto al Estado del bienestar no son tan diferentes.