Androcentrismo, feminismo y democracia real

CARMEN MAGALLÓN

Las propuestas para salir de la crisis que vienen de los gobiernos, y aún de sectores críticos, son incapaces de salirse del androcentrismo dominante que perfila y acota la realidad. Aquí, para pensar y proponer, no parece haber más cera que la que siempre ha ardido: la de un paradigma de marcado carácter androcéntrico. Algo poco inteligente, pues si ha habido históricamente un grupo humano que ha destacado por sus estrategias de resistencia y creatividad para sostener la vida, en medio de crisis y aún de guerras, ha sido el de las mujeres. Y por mucho que los cambios nos hayan ido igualando, ese saber y sus posos siguen estando ahí, disponibles para poder ser usados.

Pero hay una inercia ligada a los intereses de clase, sobre todo, pero también de sexo, que impide al sistema aprender de otras perspectivas, lo que hace que a la indignación general, las feministas sumemos un hartazgo especial. Un motivo de indignación añadido para muchas de nosotras, que nos sentimos parte de un movimiento social por la igualdad que reclama también espacio para su diferencia, es lo poco que se tiene en cuenta la sabiduría femenina, la incapacidad del sistema hegemónico de gobernanza global para ver las propuestas que crecen en las críticas feministas y que coinciden con otros grupos en subrayar la necesidad, no sólo de poner parches en el actual estado de cosas, sino de repensar la propia forma de vida. Repensar los indicadores que dan cuenta del bienestar de una sociedad, generar y apoyar otro tipo de intercambios para aumentar el empleo, apostar por el decrecimiento material y dar más espacio al cuidado y los afectos; en definitiva, poner en el centro de las decisiones al ser humano y al planeta, no el crecimiento de los beneficios.

El feminismo partió de muy abajo en su pugna por la democracia real, creciendo desde una exclusión que hasta el lenguaje ocultaba, al nombrar como sufragio universal el voto generalizado… para los varones. De lo mucho que puede aprenderse de su experiencia como movimiento social constante y tenaz a favor de la profundización democrática, lo más importante, por su novedad y calidad, y porque hoy sigue siendo un reto pendiente, es haber logrado todos sus avances por vías no-violentas.