Por qué Asad tiene las manos libres

LUIS MATÍAS LÓPEZ

Periodista

Si el sirio Bashar al Asad lleva las de ganar es porque no le tiembla el pulso para reprimir a su pueblo, tiene el monopolio de la violencia y no teme una intervención exterior como la que derribará a Gadafi. Para que se diese una acción similar en Siria, a la que la etiqueta de humanitaria no ahorraría sospechas de neocolonialista, haría falta algo improbable: unidad de acción entre EEUU y sus aliados.
Sin embargo, Obama, censurado por el Congreso por actuar sin su autorización en Libia, piensa más en reducir compromisos externos que en asumir otros. Lo demostró al ceder a la OTAN el mando de la campaña contra Gadafi. Lo refrenda con el anuncio de retirada gradual de Afganistán, la presunción de que ya no existe allí una amenaza terrorista directa contra EEUU, la renuncia a estabilizar el país, la apuesta por negociar con los talibanes y la admisión de que es el momento de atender el frente interno. Lógico: quedan 16 meses hasta las elecciones y lo que moverá el voto será la economía, hoy al rojo vivo.
En Libia, Europa, bajo bandera de la OTAN, deja claro que no tiene capacidad política y militar para asumir aventuras externas de envergadura, excepto al rebufo de EEUU. La operación contra Gadafi ya desborda su potencial, por lo que es impensable otra aventura en Siria. Así que Al Asad tiene las manos libres. Si los propios sirios no lo derriban, no lo harán ni Europa ni EEUU. Tampoco Israel, al que no le interesa concitar las iras árabes y que prefiere un enemigo al que tiene tomada la medida antes que la inestabilidad que podría acarrear su caída.
Robert Gates, jefe saliente del Pentágono, saca los colores a muchos aliados (incluida España) por su escaso compromiso en Libia y por una reducción del esfuerzo en defensa que ha llevado a EEUU a asumir el 75% del presupuesto de la OTAN. Pero olvida lo más importante: que la Alianza sirve ante todo a los intereses del imperio y que este debe asumir el grueso de la carga. ¡Qué menos! Bastante hacen los socios con pagar parte de la factura y legitimar muchas de sus acciones, con alto precio en dinero y vidas, como ejemplifican las últimas víctimas españolas en Afganistán. Para Gates es poco, pero, desde este lado del Atlántico, parece demasiado.