Catolicismo y estadísticas

Óscar Celador

Profesor de Derecho Eclesiástico del Estado y de Libertades Públicas

El Vaticano acaba de presentar la sexta edición del Atlas Hierarchicus, con el objeto de ofrecer una visión de conjunto sobre la presencia de la Iglesia católica en el mundo. De acuerdo con los datos que ofrece la publicación mencionada, nuestro país es una de las principales reservas espirituales de Occidente, pues el 93,1% de los españoles son católicos, mientras que en el resto de Europa esta cifra ronda el 40%.
Los datos que ofrece el Vaticano contrastan con los que aportan tanto el Instituto Nacional de Estadística como el centro de Investigaciones Sociológicas, según los cuales los matrimonios civiles celebrados en nuestro país desde 2009 superan a los religiosos, y el índice de católicos practicantes no llega al 15% del total de la población española. La única fórmula que permitiría compatibilizar todos los datos expuestos sería interpretar que se puede ser católico sin asistir a los servicios religiosos e ignorando los principales dogmas de fe de la Iglesia católica. El criterio que el Vaticano parece haber utilizado para determinar el número de católicos españoles es el número de bautizados. Este indicador presenta numerosos inconvenientes, ya que se trata de una información que ofrece la Iglesia católica de forma unilateral y que probablemente no esté correctamente contrastada; asimismo, los bautizados son habitualmente bebés de escasos meses que no reciben el sacramento voluntariamente, por lo que no parece lógico deducir de dicho acto cuál será la religión que los bautizados practicarán en el futuro.
La Iglesia católica ha sabido explotar de una forma magistral las estadísticas sobre la religiosidad de los españoles, ya que gracias a ellas ha conseguido intimidar a los gobernantes para obtener un tratamiento privilegiado y claramente inconstitucional en los contextos financiero, tributario, patrimonial y educativo. Ahora bien, afirmar que 9,3 de cada diez españoles son católicos supone que, bien el concepto de catolicidad que se utiliza para medir la religiosidad de los españoles es claramente subjetivo y arbitrario, o bien que tenemos que dar la razón a Mark Twain, que decía que hay tres clases de mentiras: la mentira, la maldita mentira y las estadísticas.