La llaman democracia y no lo es

José Manuel Naredo
Economista y estadístico

Es propio de una democracia prohibir que la ciudadanía se reúna libremente en el ágora? No parece. Este gesto despótico es más propio de la tiranía. Sin embargo, esto es lo que hicieron en Madrid los gobiernos central, autonómico y municipal, cuando impidieron el libre acceso de los ciudadanos a la plaza principal de la villa, la Puerta del Sol, acordonando los accesos, clausurando las correspondientes estaciones de metro y ferrocarril suburbano y apaleando con saña a los ciudadanos que protestaban pacíficamente contra semejante atropello.

Tan desproporcionados alardes de fuerza serían inexplicables por el mero afán, como se ha dicho, de “limpiar” la plaza. Todo arranca de haber ordenado a la Policía desmantelar, con nocturnidad y alevosía, el puesto de información del 15-M y algunos acampados ajenos a este movimiento (recordemos que hace ya dos meses que el 15-M acordó en asamblea levantar su acampada), cuando todo esto podía haberse negociado pacíficamente. Semejante provocación suscitó la protesta, la represión desproporcionada de esta y las nuevas y más masivas movilizaciones de personas indignadas. Esta espiral se cortó porque no podía seguir permanentemente cerrada la Puerta del Sol, dando una imagen propia de un estado de sitio. Así, tras cuatro días de protestas, la masiva manifestación convocada por el 15-M ocupó de nuevo la plaza y volvieron a celebrarse en ella las asambleas.

Estos eventos han tenido la virtud de provocar reacciones y declaraciones que evidencian la naturaleza autoritaria de una nomenklatura próxima al poder cuyos hijos, a diferencia de muchos indignados, no solo nacen con el pan, sino con el piso debajo del brazo. Que José Bono defienda tan lamentables actuaciones diciendo que “la democracia se resuelve en las urnas, no en tiendas de campaña”, muestra una demagogia impropia de un presidente del Congreso: la democracia debe resolverse potenciando todas las instancias de participación ciudadana, desde las asambleas en plazas y barrios, hasta el propio Congreso. Y una verdadera democracia debería incentivarlas, no reprimirlas, y saludar muy positivamente la impresionante labor realizada por el 15-M en favor de una ciudadanía más activa y participativa.