Hambre y conflicto armado en Somalia

Carmen Magallón

Directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz

Parece mentira que en un mundo globalizado como el actual, en el que según los expertos hay comida suficiente para todos, más de trece millones de personas del Cuerno de África estén afectadas por una crisis alimentaria que se ha cobrado ya miles de vidas. Pero así es. La falta de lluvias malogró las cosechas y la gente se está muriendo de hambre. La situación más grave se vive en Somalia donde, según Naciones Unidas, 29.000 niños menores de cinco años han muerto y 3,7 millones de personas necesitan asistencia humanitaria. La hambruna que afecta al sur y al centro de este país ha producido un enorme flujo de desplazados y refugiados a Kenia y Etiopía, con los consiguientes problemas sanitarios y de hacinamiento.
El conflicto armado que ha desmembrado a Somalia en los últimos 20 años es responsable de que la crisis se haya agudizado en este país. El grupo islamista Al-Shabab, que pelea contra el Gobierno Federal de Transición, prohibió la entrada de las organizaciones humanitarias en las zonas que controla, impidiendo así la llegada de la ayuda. Ahora ha levantado en parte esa prohibición, pero sigue siendo preciso y urgente, como defiende Rashid Abdi, analista local del Grupo de Crisis Internacionales, negociar con ellos.
La comunidad internacional también tiene responsabilidad. El desastre podría haber sido menor si se hubiera reaccionado con mayor rapidez ante las alertas tempranas sobre la sequía, que ya se conocían. La comunidad internacional actúa, sí, pero bajo la lógica de los intereses propios. España, por ejemplo, impulsó la operación Atalanta para ofrecer protección militar a los barcos europeos que faenan en la costa somalí, en vez de fomentar una política europea a favor de la pesca artesanal, local y sostenible o de la recuperación económica y democrática de la zona.
Ahora es urgente recoger fondos. Según Naciones Unidas se necesitan 2.500 millones de dólares, una cifra que queda lejos de lo comprometido hasta el momento. Un aspecto positivo es que África está movilizando su solidaridad: en Sudáfrica la sociedad civil está aportando y exigiendo a su Gobierno que aporte; y el pasado 25 de agosto la Unión Africana reunió a los países africanos, que acordaron destinar 380,5 millones de dólares para la zona.