El territorio importa

CARME MIRALLES-GUASCH

Profesora de Geografía Urbana

Más de mil científicos sociales de 50 nacionalidades distintas, básicamente economistas y geógrafos, se reunieron hace unos días en Barcelona en el Congreso Anual Europeo de Ciencia Regional. Han sido tres días intensos de análisis, debates, propuestas y opiniones sobre el territorio en sus distintas escalas, desde la urbana a las megarregiones que consolidan ejes económicos. Mientras hace 20 años estas reuniones congregaban a unos 200 científicos, en estos momentos el interés por el lugar y sus características parece fundamental para interpretar los fenómenos económicos y sociales y para encontrar soluciones a los problemas que se generan en estos campos. Y nunca mejor dicho ni en mejor momento.
El lugar donde se generan las actividades económicas no es un contenedor neutro, sino que sus características influyen directamente y de forma sustancial en estas actividades. Los lugares atraen capital humano y con él creatividad. O, por el contrario, pueden ser expulsores de personas que por sus talentos y capacidades pudieran generar crecimiento económico. Uno y otro lugar no serán iguales, ya que uno incrementará riquezas y el otro generara pobreza. A otras escalas también se pueden analizar las gestiones de los territorios. A escala nacional, por ejemplo, ¿qué es más efectivo y crea más riqueza colectiva, aquellas naciones que sólo potencian una sola ciudad menospreciando al resto con una red de infraestructuras radiocéntrica o las que, reconociendo sinergias y complementariedades entre sus distintas ciudades, crean unas infraestructuras que potencian las redes urbanas y sus ejes económicos múltiples? Otra línea de debate se inserta en las características urbanas en relación a la calidad de vida, una calidad que pasa por la cohesión social, que también es
territorial.
En definitiva, el territorio importa e interesa en el ámbito científico como una pieza más de un puzzle cada vez más complejo. Y además la ciencia, en este caso, se genera desde Europa. Un tema que tampoco es baladí. Ahora es necesario transferir este interés a los policy makers, a los que pueden cambiar realidades e inventar futuros colectivos distintos.