Obama: impotencia y liderazgo desde atrás

LUIS MATÍAS LÓPEZ

Periodista

Puede ser más fácil ganar si no hay que presumir de la victoria”. La frase es del director de The New Yorker, David Remnick, que presenta la postura de Obama en la crisis libia como ejemplo del “liderazgo desde atrás”, impensable con Bush, pero adaptado a un imperio en decadencia incapaz de mantener abiertos múltiples frentes exteriores.
Consciente de su impotencia, Obama aceptó el riesgo de que los republicanos le fustigasen por permitir que Cameron y Sarkozy asumieran el protagonismo de la intervención militar para derrocar a Gadafi. De derivar el conflicto hacia un avispero como en Irak o Afganistán, la responsabilidad se compartiría. Al salir más o menos bien (aún queda rematar la faena), no necesita colgarse medallas: está muy claro que una OTAN de presupuestos menguantes habría sido incapaz de montar un operativo tan costoso y complejo sin la máquina militar más poderosa del planeta.
Obama, lejos de la imagen de matón de taberna de Bush, evita en Libia, como antes en Egipto y Túnez, que la Primavera Árabe se tiña de antinorteamericanismo, para frustración de una Al Qaeda que, a diez años del 11-S, juega un papel irrelevante en este giro de la historia. Pero no hay que engañarse: el apoyo a la dictadura saudí y el incondicional respaldo a Israel, cuya enésima muestra es el rechazo a que la ONU consagre el Estado palestino, son buenos ejemplos de que no descuida los intereses geoestratégicos de su país.
Además de promover una solución justa a la madre de todos los conflictos, Obama debería evitar la tentación neocolonialista. En una Libia sin tropas extranjeras y que, amenazada por el tribalismo y el sectarismo, debe construir un Estado nuevo, Francia, Reino Unido, Italia, Turquía y por supuesto EEUU preparan ya el reparto del botín en detrimento de Brasil, Rusia y China, que apostaron por la supervivencia de Gadafi.
Obama tiene la oportunidad de demostrar que hay algo más que cosmética y cálculo en este pragmático ensayo de liderazgo desde la segunda línea. Por ahora, el único indicio positivo es que no se ha sumado (aún) a la obscena disputa de Sarkozy y Cameron con el turco Erdogan y su modelo de democracia musulmana por tomar posiciones ante el gran negocio de la reconstrucción.