Informática entrañable

Miguel Ángel Quintanilla Fisac

Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia

Si te encuentras ante una puerta con un picaporte tradicional, sabes lo que tienes que hacer para abrirla. No es mérito tuyo. En realidad hasta los perros saben cómo abrir esa puerta apoyando su pata en el picaporte. Los picaportes constituyen ejemplos de tecnologías entrañables: son eficientes, su propia estructura y apariencia informan sobre su utilidad y sobre la forma de operar con ellos y admiten múltiples diseños estéticos que los pueden hacer no solo útiles y eficientes sino además bonitos.
Seguramente el mérito más importante de Steve Jobs como empresario emblemático de nuestra época es que a él le debemos que la informática personal y sus tecnologías aledañas (reproductores de música, teléfonos inteligentes, tabletas, etc.) hayan incorporado en su diseño una buena parte de los principios que caracterizan a las tecnologías entrañables. Para empezar, sus dispositivos suelen funcionar muy bien. Además, gracias a la interfaz gráfica de ventanas que él inventó, la informática se ha hecho más accesible. Sus diseños hicieron de los ordenadores atractivos complementos personales que pueden transportarse en la mochila o en el bolso. Gracias a él hemos podido empotrar toda nuestra discoteca en un minúsculo y bello adminículo del tamaño de un sello de correos. Gracias a él hemos descubierto que el teléfono móvil es un artículo de diseño, coleccionable, controlable, configurable a nuestro antojo y lleno de posibilidades para la comunicación, el ocio, las relaciones personales y la expresión estética.
Seguramente Steve Jobs ha sido el hombre más creativo y exitoso en la primera fase de la revolución informática de nuestra época. Estos días, en los que lamentamos su muerte, se repite con justicia que sus obras nos han cambiado la vida. Si en vez de optar por el modelo de código cerrado, tecnología propietaria y mercadotecnia sin fisuras, hubiera optado en sus innovaciones por una filosofía de código abierto, de tecnología participativa y de desarrollo tecnológico socialmente responsable, tendríamos ahora un mundo no sólo mucho más eficiente y más bonito, como el que él nos ha dejado, sino también más justo y entrañable. Pero quizás él ya hizo bastante y su testigo debe pasar ahora a una nueva generación.