Las palabras y las cosas

Pere Vilanova

Catedrático de Ciencia Política

Uno de los textos más incomprensibles del desaparecido intelectual Michel Foucault se titulaba así: Las palabras y las cosas, y hablaba de… Las Meninas de Velázquez de un modo deliberadamente oscuro. Lo más interesante del libro era el título. Los seres humanos tenemos lenguaje, y en principio sirve para comunicarnos unos a otros, y por tanto para describir la realidad. Hasta aquí, uno cree decir algo obvio. Pero llega la campaña electoral y, con la ayuda inestimable de los medios, las redes y otros auxiliares sociales, hemos de asistir durante semanas (contando la precampaña electoral) a un sorprendente ejercicio colectivo de mal uso deliberado del lenguaje, es decir, a una serie de repetidas contorsiones de la realidad hechas con la palanca de las palabras. Seamos objetivos: ello no es privativo de la campaña electoral, ni siquiera de la clase política en general, pues en esto también hay grados y diferencias sustanciales. Cuando Duran i Lleida ofende, en el calor de un mitin, a los jornaleros andaluces y/o extremeños, lo hace para buscar el calor de un entregado público, y, cree él, para conseguir votos. Puede que consiga ambas cosas, pero es malo para todos, catalanes, extremeños y andaluces, jornaleros o no. Podría buscar ejemplos mucho más crudos e insultantes en todo el espectro político y social, y por extensión, en bastantes medios de comunicación. ¿Qué no se ha dicho en estos últimos años de “los catalanes”? La ofensa a la inteligencia colectiva es la misma.
Por ir a lo fácil, todavía es más obvia la diferencia en el mundo del deporte. No cabe generalizar, pues Mourinho y Guardiola hablan ambos de fútbol, pero no de la misma manera. Pero donde escribo Guardiola puedo escribir Iker Casillas, que no habla, no piensa y sobre todo, no es como su entrenador.
¿Hemos de perder toda esperanza? Como los místicos del siglo XVI, uno quisiera poder decir: “Nada espero, nada temo”, pero sí que hemos de temer el mal uso de las palabras, con ello nadie gana, todos perdemos. Un refrán atribuido a los sioux oglala (del noroeste de los actuales Estados Unidos) dice: “Cuidado con las palabras, son como las flechas, una vez lanzadas no pueden volver…”.