Un Nobel para tres mujeres

Carmen Magallón

Directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz

A Tawakul Karman, de Yemen, Leymah Gbowee y Ellen Johnson Sirleaf de Liberia les han concedido el Nobel de la Paz. Y las tres lo merecen. Al mismo tiempo, reconozco que dudé de por qué a tres. ¿Acaso lo hacen para cubrir el espacio de merecimiento que no han dudado en llenar con un solo hombre durante muchos años, en algunos casos hombres de dudosa trayectoria a favor de la paz? ¿O es que –pensando más positivamente– tratan de recuperar el tiempo perdido? Si es así, hay tantas que lo han merecido en el pasado y que lo merecen, sin que se hayan visto reconocidas, que para reequilibrar la injusticia habrían de seguir con las concesiones de tres en tres durante muchos años.
Esta suspicacia, legítima a mi entender, no impide ver los aciertos del Comité Nobel al otorgar este premio a mujeres que han destacado por su lucha contra la violencia, y también por la libertad, la democracia y los derechos humanos. Reafirma así el contenido positivo de la paz y la llamada a contar con las mujeres que hace la resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la ONU. Por otra parte, no es infrecuente que otros Nobel, los de Física o Química, por ejemplo, sean compartidos. En este caso, la concesión compartida reconoce la pluralidad de vías por las que las mujeres contribuyen a construir la paz. A Sirleaf, primera presidenta elegida democráticamente en África, se le reconoce por asumir la máxima responsabilidad política de un país tras un conflicto armado, enfrentándose a la corrupción, las agresiones sexuales endémicas y evitando la recaída violenta. A Gbowee por su trabajo de organización para reconstruir la sociedad civil de ese mismo país, uniendo a las mujeres por encima de divisiones religiosas y étnicas, y trabajando con refugiados y antiguos niños soldados. Mientras, en Tawakul Karman se ha querido premiar a las que tomaron las calles en la Primavera Árabe, levantándose codo a codo con los hombres contra los regímenes totalitarios.
El presidente del Comité Nobel subrayó el mensaje de este premio: si las mujeres no tienen las mismas oportunidades que los hombres para influir en todos los niveles de la sociedad, no es posible alcanzar una democracia auténtica ni una paz duradera.