La memoria inmigrante

Antonio Izquierdo
Catedrático de Sociología

Convertir la inmigración en un asunto electoral es pan para el 20-N, pero hambre para el futuro. El problema es que las elecciones pasan y la inmigración se queda. Aún más, la inmigración no olvida. Es un cofre en donde se guarda la memoria. Y de igual modo que se enseñan los platos típicos, también se trasmiten y se recuerdan las afrentas. No deberían olvidarlo los políticos que están en campaña. La fidelidad del voto demócrata por parte de los mexicanos es digna de estudio.
Pues bien, desde hace dos años, las peores noticias sobre la integración de los inmigrantes vienen de Catalunya, lo cual no era esperable dada la hegemonía alcanzada por la idea según la cual era catalán todo aquel que vivía y trabajaba en Catalunya. Pero, en los tiempos que corren, el agujero negro de Plataforma per Catalunya está arrastrando a los grandes partidos. Y sobre todo a Duran i Lleida, que busca los votos de los “otros catalanes” y señala a los inmigrantes extranjeros como los culpables del deterioro de los servicios públicos.
Es urgente analizar por qué se ha roto con una tradición que, en 1935, inició Josep A. Vandellós con su ensayo La immigració a Catalunya, continuó Francisco Candel con su retrato de Los otros catalanes en los sesenta, y certificó Jordi Pujol con su libro La immigració, problema i esperança de Catalunya en mitad de los setenta. El común lamento de todos ellos era que Catalunya no tenía autogobierno y no podía desplegar su capacidad de integración. Pero hoy, con competencias en inmigración y con el Gobierno en sus manos, Duran rompe con la cultura de integración de los inmigrantes que ha dominado en CiU.
Lo primero que cabe decir es que el millón doscientos mil inmigrantes empadronados quieren quedarse, y los 160.000 alumnos extranjeros también. Añadamos que Mohamed puede hablar catalán igual que Jordi. Después hay que afirmar, con Julio Carabaña, que inmigrante no es una categoría educativa. Así que en el rendimiento escolar importa más la clase social que el país de nacimiento. Y, por último, confiar en que algún partido político reclame el derecho a votar de los inmigrantes con residencia permanente; ese será el que mejor trabaje por Catalunya.